si recibes este SMS, la tuya está entre ellas
España se ha consolidado como uno de
los países de la Unión Europea con mayor número de tarjetas
bancarias filtradas en la dark web, según revela un informe de
Kaspersky Digital Footprint Intelligence. Junto a Italia y Francia,
nuestro país encabeza esta preocupante estadística, con 2,3
millones de tarjetas expuestas entre 2023 y 2024.
Pero, ¿qué implica que nuestros datos
financieros circulen en este mercado negro? ¿Cómo operan los
ciberdelincuentes? Y, sobre todo, ¿qué pueden hacer los ciudadanos
para protegerse? Estas fueron algunas de las cuestiones abordadas
en La Linterna de la COPE por el consultor tecnológico
Mario Yáñez y el director del programa, Ángel Expósito.
El origen de las filtraciones en la dark web
La filtración masiva de datos tiene su
origen en ataques de malware tipo infostealer,
como RisePro, Redline o Stealc, diseñados para robar
información financiera, credenciales de acceso e incluso cookies de
navegación. Estos programas maliciosos llegan al dispositivo de la
víctima camuflados como software legítimo —por ejemplo, trucos
para videojuegos— o mediante archivos adjuntos en correos
de phishing.
Un usuario navega por la dark web
«El 95% de las tarjetas filtradas
son técnicamente válidas, es decir, pueden ser utilizadas por los
delincuentes», explicó Yáñez. Además, destacó el fenómeno
de las «tarjetas durmientes»: datos robados que permanecen
inactivos durante meses o años antes de ser comercializados, lo que
dificulta su rastreo.
Kaspersky estima que, en 2024, 26
millones de dispositivos fueron infectados por infostealers,
con un aumento alarmante de RisePro —que pasó del 1,4% de las
infecciones en 2023 al 23% en 2024—. Este malware se
especializa en robar contraseñas, datos de criptomonedas y, sobre
todo, información bancaria.
El mercado negro de las tarjetas bancarias
En la dark web, los datos robados
se comercian en foros clandestinos que operan con la misma estructura
que plataformas de e-commerce, pero usando criptomonedas como
Bitcoin para garantizar el anonimato. «Incluso hay reseñas de
clientes y políticas de devolución», detalló Yáñez. Los
precios varían según el tipo de información:
Una persona sostiene una tarjeta en el cajero del banco
- Tarjetas de crédito: entre 10 y 100 dólares, dependiendo del límite de crédito.
- Identidades completas («fullz»): hasta 150 dólares (incluyen nombre, dirección, seguridad social y datos bancarios).
- Perfiles médicos: pueden superar los 600 dólares por su alto valor en fraudes de seguros.
Además, algunos ciberdelincuentes
alquilan accesos a cuentas o venden herramientas para explotar los
datos, como kits de phishing o malware personalizado.
¿Cómo saber si nuestros datos están en riesgo?
La detección proactiva es clave. De
hecho, Yáñez recomienda:
- Usar herramientas de monitorización: antivirus como Kaspersky o servicios de protección de identidad que alertan sobre filtraciones.
- Revisar movimientos bancarios: cargos desconocidos o compras no reconocidas son señales de alarma.
- Activación de alertas: notificaciones por SMS o correo para transacciones en línea.
Así, un indicio claro es recibir SMS
o correos sospechosos que simulan ser del banco. «Si
alguien tiene tus datos, intentará usarlos mediante phishing o
fraudes», advirtió Yáñez.
Qué hacer si somos víctimas
Ante una filtración, la rapidez es
crucial, según explica el consultor tecnológico en La Linterna:
- Cancelar la tarjeta y solicitar una nueva.
- Cambiar contraseñas de banca en línea y activar autenticación en dos factores.
- Denunciar ante la Guardia Civil o Policía si hay pérdidas económicas.
Para las empresas, Kaspersky recomienda
monitorizar la dark web de forma proactiva, ya que el 15%
de las compañías españolas reportaron más de dos incidentes
graves diarios en 2024.
La paradoja de la dark web
Aunque asociada a actividades ilegales,
Yáñez recordó que la dark web también es usada por
periodistas o activistas en regímenes represivos. «El anonimato
no es ilegal per se, pero los delincuentes lo aprovechan»,
matizó. El acceso requiere navegadores como Tor, que encriptan la
conexión.
Como señala en Infobae Víctor Ruiz,
fundador de SILIKN, «las filtraciones persisten años después
de ocurrir». La reutilización de contraseñas o la combinación
de datos antiguos con nuevos aumentan el peligro. Por ello, la
concienciación y las medidas preventivas son la única barrera
efectiva.
Mientras España sigue en el punto de
mira de los ciberdelincuentes, la recomendación es clara: desconfiar
de mensajes inesperados y actuar ante la mínima sospecha. Porque,
como concluyó Yáñez, «en la dark web, tus datos pueden
estar esperando el momento adecuado para ser usados».

