Shein, o cómo la geopolítica lleva una OPV de un lado a otro del Atlántico | Mercados Financieros

Shein, o cómo la geopolítica lleva una OPV de un lado a otro del Atlántico | Mercados Financieros


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El gigante chino de la moda ultrarrápida Shein afronta la recta final para hacer real su sueño bursátil. Si los planes no cambian, será la Bolsa de Londres la que acoja finalmente a la firma textil con sede en Singapur. Con la bendición de las autoridades de la City, Shein saltaría al parqué como una de las ofertas pública más grande de la historia Bolsa londinense, con la aspiración de capitalizar cerca de 66.000 millones de dólares (unos 61.000 millones de euros). Sin embargo, que haya terminado optando por una Bolsa europea no es casualidad. La compañía no ha podido sortear las murallas burocráticas que se levantaron en Estados Unidos tras presentar la documentación para aterrizar en la Bolsa de Nueva York, y aunque aún no ha cerrado la puerta a cotizar en suelo americano, el estreno bursátil en Londres parece, de momento, el más probable.

Shein se ha labrado fama mundial por ofrecer una inmensa cantidad de prensas a precios extremadamente competitivos. Su catálogo ofrece desde vestidos de verano por ocho euros hasta pulseras de 48 céntimos, imitando así el modelo de distribución de Inditex, pero con precios, diseños y calidades por los suelos. Su cadena de fabricación se basa principalmente en China, donde una red de fábricas y almacenes producen y envían las prendas a todos los rincones del mundo. La supuesta opacidad en esta cadena de producción es la que ha levantado la preocupación de las autoridades en EE UU.

Cuando a finales de noviembre del año pasado la firma textil presentó su primera solicitud para cotizar en la Bolsa de Nueva York, se topó de inmediato con la negativa de la Comisión de Bolsa y Valores (conocida como SEC por sus siglas en inglés). Los reguladores argumentaban que el algodón para elaborar las prendas provendría de Xinjiang, una provincia en la mira por los supuestos casos de trabajos forzados de miembros de la etnia uigures, de religión musulmana.

La firma textil rechazó de inmediato las afirmaciones, alegando que no obtiene algodón de Xianjiang y argumentando que mantiene una “tolerancia cero” con el trabajo forzoso, según compartió en su momento con el Wall Street Journal. Las autoridades estadounidenses advirtieron, sin embargo, que la solicitud no sería aceptada a menos que la compañía presentara una declaración pública. La exigencia puso entre la espada y la pared al grupo chino, al que tampoco le conviene provocar la desconfianza del Gobierno de Pekín. En el pasado, H&M declaró que dejaría de abastecerse de materiales de Xinjiang, lo que provocó su eliminación de la Internet china.

La Bolsa de Londres, en una imagen de archivo. Rob Stothard (Getty Images)

Desde entonces, las negociaciones para aterrizar en la Bolsa americana se mantienen congeladas. Estados Unidos no quiere dar un paso adelante, y menos en el actual escenario de tensión comercial frente al gigante asiático. Lo que empezó con la imposición de aranceles a un puñado de productos chinos durante el Gobierno de Donald Trump, ha desembocado en una guerra comercial abierta que involucra de lleno al sector los vehículos eléctricos, de los microchips y de las plataformas digitales —con TikTok como protagonista—, y que ahora salpica al segmento de la moda rápida, donde Shein se ha convertido en un protagonista indiscutible. En 2021, logró desbancar a Amazon como la plataforma de compras en línea más visitada en Estados Unidos, su principal mercado a nivel global.

La disyuntiva ha empujado a la firma a optar por la Bolsa londinense, que en los últimos años ha perdido atractivo ante el resto de parqués mundiales. Desde 2008, las cotizaciones en el mercado británico se han reducido en un 40%, según la misma Autoridad de Conducta Financiera (FCA) de Reino Unido. El fabricante británico de chips Arm Holdings decidió operar en Wall Street en lugar de la City por el rendimiento de la Bolsa norteamericana, y la farmacéutica Indivior anunció que planeaba cambiar su cotización principal a los EE UU.

En contraste, Shein presentaba de manera confidencial los documentos para peparar su estreno en Londres, según indicaron a Bloomberg personas familiarizadas con la operación. La llegada del gigante de la moda supondría un importante soplo de confianza para la Bolsa de la City, pues se trataria de la segunda OPV más grande de su historia, tras el debut del grupo minero Glencore International en 2011.

Una colocación privada en mayo del año pasado valoraba a la firma textil en 66.000 millones de dólares. Aunque tiempo atrás, la SEC comunicaba que Shein aspiraba una valoración de unos 90.000. Una cifra superior a la capitalización bursátil de firmas rivales como H&M (24.000 millones de euros) y más de la mitad de lo que vale actualmente Inditex (144.800 millones de euros). Shein no publica los resultados, pero el Financial Times, asegura que el gigante chino de la moda ultrarrápida batió un nuevo récord en 2023, con una ganancia superior a 2.000 millones de dólares, superando a H&M, que el año pasado registró un beneficio neto de 759 millones de dólares.

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La gente compra artículos en una tienda temporal de Shein en un centro comercial en Singapur.Edgar Su (REUTERS)

No obstante, el camino para tocar la campana de la City no se encuentra totalmente allanado. La secretaria de Negocios, Kemi Bandenoch, compartió con Bloomberg que aún le preocupaba la “laguna fiscal” que Shein utilizaba para enviar productos directamente a los clientes, así como las prácticas laborales en China. Y grupos defensores de los derechos humanos, han lanzado una campaña para evitar que la firma termine cotizando en la FTSE, el índice de referencia de la Bolsa de Londres.

Francia también anunció una propuesta legislativa para poner coto a la fast fashion, con la que busca prohibir la publicidad y regular la actividad de las plataformas con origen asiático por su impacto medioambiental. Las cifras más conservadoras estiman que la firma china fabrica cerca de 35.000 prendas diarias, dentro de una industria que es responsable de más del 10% del total de las emisiones de CO² en el planeta, según Greepeace.

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