¿Podemos contar el paro como los americanos? El desafío de unos datos cada vez más cuestionados



¿Cuántos parados hay realmente en España? ¿Y cuántos ocupados? ¿Cuáles son sus condiciones laborales? ¿Y cuántas posibilidades tienen los españoles de encontrar o perder un empleo? Las respuestas a preguntas tan fundamentales como estas en el país con mayor tasa de desempleo de la Unión Europea nunca han despertado tanta polémica como en los últimos años. La clave está en un modelo estadístico complejo, en apariencia contradictorio, y en la falta de herramientas para ofrecer una información más completa y coherente del mercado de trabajo, similar a la publicada en Estados Unidos.

España cuenta con tres fuentes públicas que miden todas las variables del mercado laboral. Se trata del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), que da la cifra de personas apuntadas a las oficinas de empleo autonómicas y estatales como demandantes de empleo y, a partir de ahí la de parados registrados. También ofrece cifras de contratos que se firman en España y las prestaciones y subsidios por desempleo. La segunda es la Tesorería General de la Seguridad Social, que ofrece la cifra de afiliaciones (es decir, empleos por los que se cotizan) y permite establecer también datos sobre las características de los trabajos o los motivos por los que estos concluyen, así como todo lo relativo a las bases de cotización (sueldos) y pensiones que se abonan cada mes.

La última es el Instituto Nacional de Estadística, que publica la Encuesta de Población Activa, una encuesta trimestral a 65.000 hogares y 160.000 personas que ofrece una panorámica en profundidad del mercado laboral y las características de la mano de obra. Su valor radica además en que nutre los datos de las estadísticas de Eurostat, la Oficina Europea de Estadísticas, que permiten comparar nuestro país con el resto de la UE y el mundo. Por ello se considera la fuente más relevante para los analistas.

A estas tres se suman otros organismos, como la Agencia Tributaria o Banco de España, que aportan valiosa información complementaria sobre salarios o demanda de mano de obra. O a otras estadísticas publicadas por el INE y los Ministerios de Trabajo e Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

Pese a este ingente volumen de datos, nunca se había cuestionado con tanta intensidad como en los últimos años la fiabilidad del retrato del empleo en nuestro país, una polémica alentada por las discrepancias entre cada una de estas estadísticas. La discusión afecta ya incluso a las discrepancias entre los datos de afiliación y ocupación, sobre todo en un momento en el que el pluriempleo provoca una brecha que supera los 1,3 milllones.

Aunque el foco del debate sigue, ante todo, en la fiabilidad de los datos de paro registrado, que dejan fuera a cientos de miles de personas que no tienen trabajo. Sin ir más lejos, durante la pandemia más de tres millones de trabajadores se vieron afectados por un ERTE (aunque ahora apenas llegan a 11.000). Y, tras la reforma laboral, se desató la problemática de los trabajadores con contratos fijos discontinuos, indefinidos, pero ligados a actividades temporales que les llevan a peridos en los que ni trabajan ni cotizan, pero tampoco se consideran desempleados.

En este escenario, no son pocas las voces que vuelven a poner de ejemplo los datos que publica el Bureau o Labor Statistics (BLS), la Oficina de Estadísticas Laborales del Departamento de Trabajo de Estados Unidos, tanto por la estructura más clara de la información, la metodología y el hecho de que incluye ese ‘paro oculto’ que los datos de España no revelan. Pero la respuesta a la pregunta de por qué en España no contamos el paro como los americanos es más compleja de lo que parece.

La clave es que, en España, tanto en los datos del SEPE como en los del INE se utiliza una definición de parado basada en la que establece la organización Internacional del Trabajo (OIT), que considera como tales a las personas sin empleo, que están buscando activamente un trabajo y puede incorporase inmediatamente a uno. Esto deja fuera a los desanimados que renuncian a intentar encontrar un empleo y a las personas que sí lo buscan, pero no tiene disponibilidad para aceptarlo. Estas personas no se cuentan como parados, sino como inactivos, con lo cual quedan fuera de la población activa (que es la suma de ocupados y parados OIT) que se utiliza como denominador para calcular la tasa de paro.

¿Cómo cuentan el paro los americanos?

En 2014, el investigador de Fedea, Florentino Felgueroso abrió el debate con un artículo en el blog Nada es gratis que comparaba las métricas que utiliza el INE para calcular su tasa de paro con la que recoge el BLS y llamó la atención sobre el hecho de que el organismo estadounidense publica hasta seis tasas de paro diferentes, a cada cual más completa y que se denominan sencillamente por la letra U (de «unemployment») y un número.

Pero solo una de ellas es ‘oficial’ según el propio departamento, la U3, que utiliza la definición de desempleado de la OIT y es, por tanto, equiparable a la española. De hecho, es la que se utiliza en los estudios internacionales que comparan diversas economías. Hay muchas diferencias; la nuestra es trimestral y la estadounidense se publica con carácter mensual, aparte de que las fuentes y la metodología también difieren (la española está homologada por Eurostat). Pero se considera que usar la misma definición de parado hace equiparable la comparación.

Es decir, a grandes rasgos, podemos decir que sí contamos el paro como los americanos.

¿Pero qué ocurre con el resto de tasas «alternativas» como las denomina el BLS? ¿Por qué existen, en primer lugar? Lo que se busca es ofrecer una radiografía más completa de la infrautilización o desaprovechamiento de la mano de obra más allá del concepto de desempleo de la OIT. La primera y segundas tasas, denominadas U1 y U2, se refieren a personas desempleadas durante 15 semanas o más, y a recién despedidos y trabajadores que acaban de concluir un contrato temporal, respectivamente. Se estiman como un porcentaje de la población activa, con lo cual son inferiores a la tasa de paro oficial, la U3, ya que técnicamente forman parte de ella.

Pero las tasas U4, U5 y U6 la amplían. La U5 añade a la cifra de parados la de los trabajadores desanimados, estimada como un porcentaje sobre la población activa más esos mismo desanimados. La U5 hace lo propio añadiendo a la ecuación a las «personas marginalmente vinculadas a la población activa«. El equivalente son las personas que buscan trabajo pero no están disponibles para aceptarlo, aunque esta estimación es aproximada, como veremos.

La U6, por último, incluye a las personas que están ocupadas, pero trabajan a tiemo parcial «por razones económicas». La tasa se calcula sobre la misma proporción que la U5 (es decir, sin sumar a los infraempleados, que al ser ocupados ya forman parte de la población activa ‘estándar’). Esto lleva a una diferencia de cuatro puntos porcentuales entre la tasa de paro oficial, la U3, que se sitúa en el 3,9% y la ampliada, la U6, que alcanza el 7,9% según los últimos datos, correspondientes a octubre.

Eso sí, es importante destacar que la U3, que se calcula sobre la población activa, no está incluida en la U6, que se estima sobre una fuerza laboral más amplia. Se puede hacer ese cálculo, pero la tasa de paro ya no sería la U3 (sería algo más baja, porque se calcula sobre un denominados mayor) ni podría compararse con las que publican otros países. Aunque parezca una cuestión muy técnica, es el error más habitual que presentan los cálculos que dicen aplicar el modelo americano en España. El segundo es que las definiciones estadísticas que se refiere a los trabajadores a tiempo parcial y los «marginalmente vinculados a la actividad» difieren de las utilizadas por Eurostat y el INE.

Felgueroso conjura ambos riesgos utilizando microdatos de la EPA (es decir, no en las series abiertas a todo el público en la web del INE, sino solo a los investigadores), elabora una serie estadística que hoy sigue publicando, además de en sus trabajos académicos y con Fedea, en su cuenta de X (antes Twitter).

La alternativa de Eurostat

Pero, aunque esta propuesta es muy valorada por los académicos e investigadores del mercado laboral, ha sido ninguneada por los sucesivos Gobiernos de PP PSOE y Sumar, así como los sindicatos y patronales, que defienden que las únicas cifras que valen son las «oficiales». Es decir, la tasa de paro convencional.

Si embargo existe un dato que sí es oficial y que mide la infrautilización de la fuerza laboral de una manera similar a la U6 estadounidense: la ‘holgura laboral’ (labour market slack) que publica Eurostat, en su caso de manera trimestral. Al igual que los datos estadounidenses tiene en cuenta a los parados según las definición OIT, pero también a los ‘parados ocultos’ que no cuentan como tales: los desanimados y los no disponibles. También a los infraempleados (empleados a jornada parcial que quieren trabajar más horas y están disponibles para ello).

La ventaja es que esta estadística es que se elaboran a partir de los mismos datos recopilados para la EPA, aunque con un tratamiento algo diferente para poder compararlo de manera homologada entre los diferentes países europeos. Esto explica que el número absoluto difiera entre la estadística española y las europeas, como veremos.

Como la U6, tasa de holgura laboral se calcula sobre una fuerza laboral ampliada, aunque no cambia lo sustancial: España sigue teniendo la mayor tasa de paro de la UE, un 11,1% en el segundo trimestre, y también la de infraempleados, un 4%. No se puede decir lo mismo de su porcentaje de ‘parados ocultos’: los desempleados desanimados están muy por debajo de Italia y los no disponibles quedan por detrás del de países como Francia o Suecia.

Una holgura española

El principal problema con los datos de la holgura laboral es que se basan en las EPA trimestrales de todos los países y se publican con un retraso adicional de varios meses, hasta que cada Estado miembro publica la suya, a diferencia de Estados Unidos, que ofrece datos mensuales. Esto lleva que el último dato de Eurostat corresponda al segundo trimestre, cuando en España ya tenemos la EPA del tercero.

En este punto, conviene precisar que varios países europeos sí publican una EPA mensual. De hecho, incluso Eurostat publica datos mensuales de tasa paro, aunque en el caso de España y otros países, para los meses en los que aún no se ha publicado la estadística trimestral, tiene que ‘cocinar’ los datos del SEPE, es decir, de paro registrado, con una compleja fórmula que, salvo en situaciones excepcionales, no genera excesivas distorsiones, como ya explicamos en elEconomista.es. Cuando se dispone de los datos de la EPA, esto se corrige retroactivamente. Ahora bien, este método no se puede aplicar a la holgura laboral, que solo puede estimarse con una EPA. Su cálculo es más complejo e incluso incluye también algunas revisiones retroactivas por parte de Eurostat.

La buena noticia es que nada impide avanzar una estimación con los datos del tercer trimestre con los datos publciados por el INE hace apenas unas semanas. Y es más sencillo que replicar el modelo mayor sencillez que a al U6. La razón es que, aunque de manera desperdigada, el INE sí recoge datos de subempleo y de inactivos que quieren trabajar pero no se consideran parados. Estos últimos se publican desde 202 a petición de Eurostat en una tabla de «categorías especiales» de inactivos.

Suponen un total de 2,7 millones de personas, que se dividen entre 1,56 millones de subempleados, 334.000 no disponibles y 761.200 desanimados. Si los sumamos los 2,8 millones de parados, obtenemos una holgura total de 5,54 millones de personas, frente a los 5,44 del segundo trimestre. Y si, como hacen el BLS y Eurostat, les sumamos a la población activa (que ya recoge a los parados propiamente dichos) nos permite calcular una tasa de holgura laboral del 21,9%, prácticamente el mismo porcentaje que el trimestre anterior.

Pero aquí nos encontramos una sorpresa: los datos de holgura laboral de Eurostat no coinciden con los extraídos de la EPA, ni en tasa, ni en cifra. Recordemos que el organismo europeo arrojaba en el segundo trimestre un 19,4% y 4,67 millones de personas.

La diferencia se debe a que las cifras estimadas por Eurostat para España son más altas por una cuestión metodológica: unas 80.000 en el paro oficial y 60.000 en el ‘oculto’. Pero sobre todo en el caso de los trabajadores a tiempo parcial, donde el INE cuenta a 600.000 ocupados más que el organismo europeo. Esto se debe a que la definición de subempleo que utiliza Bruselas es mucho más restrictiva e incluye a los que trabajan menos horas de lo que quieren por motivos económicos, en línea con el BLS. Por ello, al referirnos a los datos europeos y estadounidenses es más correcto hablar de infraempleo que de subempleo porque no se trata de sinónimos.

En cualquier caso, las discrepancias no son demasiado altas, como se aprecia en el gráfico, en el que comparamos la holgura estimada por la EPA en el tercer trimestre con la referencia de Eurostat en el segundo.

En cualquier caso, la holgura laboral es una estadística polémica desde el momento en el que incluye desempleados que no cuentan como parados. El Gobierno la ha ninguneado y la oposición la destaca (a pesar de que en otras etapas políticas fue bastante superior). El problema es que ni unos ni otros quieren analizar en profundidad los límites de las estadísticas laborales a la hora de analizar la realidad del mercado laboral.

Ello a pesar de que los organismos que el Ejecutivo cita como aval de sus estadísticas, Eurostat y la propia OIT, han recalcado que la definición de paro, si bien no ha perdido validez, no recoge todas las situaciones de mercado laboral en las que se desaprovechan a las personas que quieren trabajar. Algo que quedó claro en la pandemia (millones de parados en todo el mundo no pudieron buscar activamente empleo por los confinamientos), pero nuestros políticos parecen haber olvidado cuando incluso el BCE se encomienda a estos parados ‘ocultos’ para resolver los problemas de falta de trabajadores.

En www.eleconomista.es