Nuevo récord de dimisiones de fijos con 1,6 millones hasta septiembre: ¿Dónde está el techo?



En los nueve primeros meses del año, la Seguridad Social ha registrado un total de 2,13 millones de bajas de afiliación por dimisión, un 5,46% más que hace un año. Tres cuartas partes de esta cifra corresponden a trabajadores con contratos indefinidos, que alcanzan así los 1,6 millones, un 36,6% más que hace un año. En este sentido, el mercado laboral español parece ir en dirección contraria al resto del mundo, donde las renuncias empiezan a perder fuelle. Aunque la evolución de los últimos meses apunta a que el fenómeno también podría estar cerca de tocar techo en nuestro país.

Hablar de algo parecido a una ‘Gran Dimisión‘ en un mercado laboral con una tasa de paro del 11,8% puede parecer una broma de mal gusto. Sin embargo, aunque el sobrecalentamiento del mercado laboral español no llega a los extremos de países como Estados Unidos, supone una realidad que ha acabado afectando con intensidad incluso a los salarios en nuestro país.

La explicación es doble. Por un lado, está la falta de trabajadores, intensificada tras la pandemia, en sectores intensivos en uso de mano de obra o que requieren profesionales con una cualificación difícil de encontrar en nuestro mercado laboral, lo que implica que los asalariados tienen más poder para elegir un empleo y las empresas se ven obligadas a mejorar su oferta para contratar y retener talento.

Esto no es muy diferente a lo que ha ocurrido en el resto de la zona euro, donde se ha convertido en uno de los mayores quebraderos de cabeza para el BCE, debido también a la repercusión que esto tiene en los sueldos en mitad de una crisis inflacionaria.

El segundo factor es exclusivo de España. Se trata de la reforma laboral, que ha disparado la contratación indefinida y con ello ha contribuido a que las renuncias de estos trabajadores alcancen niveles sin precedentes. En 2019 se registraron 559.819 renuncias de estos asalariados indefinidos hasta septiembre. En 2023 alcanzaron los 1.604.571, un 186% más. Este incremento se ve contrarrestado por una caída del 50% de la de los temporales, lo que arroja un incremento del total de renuncias del 34%.

La ‘temperatura’ del empleo

Si lo comparamos con Estados Unidos, el país donde arrancó la Gran Dimisión, vemos que los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales del Departamento de Trabajo de Estados Unidos indican que las renuncias acumuladas en los nueve primeros meses de 2023 suponen un 10,6% menos que hace un año y solo superan en un 8,34% las registradas en el mismo periodo de 2019.

Aunque no se calculan de la misma forma ni con la misma metodología que en España, la comparativa da idea de cómo en la evolución de las renuncias en nuestro país, además de la falta de mano de obra, pesa, y mucho, un cambio legal que pretende acercar la estabilidad del empleo en España a la media europea y estadounidense, aunque aún sigue lejos del objetivo.

Este factor adicional también contribuye a explicar la aparente resistencia del mercado laboral español a ‘enfriarse’, al menos a nivel salarial, pese a la incertidumbre y pese al hecho de que España sigue batiendo también récords de despidos. Suman 735.416 en los tres primeros trimestres del año, un 28,8% más que hace un año y un 68% más que en 2019. Pero suponen poco más de un tercio de la cifra total de dimisiones.

La comparación con Estados Unidos también resulta pertinente porque allí la Reserva Federal siempre ha defendido que, atajando el exceso de dimisiones, se puede enfriar el mercado laboral sin provocar ceses. Aunque este pronóstico se ha cumplido solo a medias: las recurrencias han retrocedido, pero también los despidos, lo que lleva a hablar de un escenario de Gran Retención de trabajadores.

En España, en cambio, ambas variables, dimisiones y despidos, siguen creciendo, lo cual es un síntoma de volatilidad endémica del mercado laboral español que parece haberse trasladado de los temporales a los indefinidos. Una interpretación que avala el repunte de las bajas por no superar el periodo de prueba, que técnicamente no son despidos, pero superan las 739.000, un 10% más que hace un año y un 40% más que en el mismo periodo de 2019.

En cualquier caso, por ahora parece que en la ‘temperatura’ del mercado laboral parece influir por ahora más el mayor peso de los indefinidos que el repunte de los ceses. Que haya más trabajadores con contratos indefinidos en las plantillas implica mayor poder negociador para los sindicatos, pero también para los asalariados a título individual, ya que pueden jugar la carta de la renuncia con mayor seguridad que antes.

¿Dónde está el techo?

La pregunta que surge es hasta cuándo se mantendrá esta situación. La reforma laboral va a cumplir dos años en vigor y su impacto en el mercado laboral ya ha sido absorbido por las empresas y trabajadores. De hecho, el porcentaje de contratos indefinidos se mantiene en el nivel del 40% del total, frente al 10% de antes del cambio legal, y el ‘stock’ de afiliados con este tipo de empleo se sitúa en el 87%, 17 puntos más que la reforma laboral. Aunque la cifra es positiva, muestra que la reforma laboral ha dejado mucho camino por recorrer.

Esta normalización debería suponer un freno a las dimisiones y a la presión que ejercen sobre el mercado laboral y los sueldos. Es decir, no se va a volver a los escenarios previos a la pandemia, sino que mantendremos un mercado laboral en el que las bajas de afiliación por dimisiones mantendrán unas cifras similares a las actuales, pero que crecerán con una intensidad mucho menor que en los últimos dos años. Esto supondrá que su impacto en términos de presión salarial podrá ser absorbido perfectamente por las empresas y las nóminas, siempre que la inflación acompañe.

De momento, este escenario parece lejano, pero ya hay síntomas de que los trabajadores empiezan a pensárselo más a la hora de dimitir. Se detectan con mayor claridad si analizamos la variación interanual de las bajas, no sobre los datos acumulados, sino sobre las cifras mensuales.

En septiembre, el total de renuncias subió un 4,6% respecto al mismo mes del año anterior (tras hacerlo en un 0% en agosto), mientras las de indefinidos repuntaron un 12,3%. Son tasas muy inferiores a las de 2022, pero que siguen superando las de 2019.

Ahora bien, están muy por debajo de las de todos los años precedentes de la serie histórica (que arranca en 2013). ¿Cómo se explica esto? La explicación es simple: aquellos fueron los años de recuperación del empleo tras la crisis financiera, y la progresiva mejora de las oportunidades laborales elevaron las dimisiones. En 2019 se empieza a apreciar una desaceleración del empleo que, como consecuencia, también redujo las dimisiones.

La diferencia es que en 2023 la subida se concentran en los indefinidos, cuando antes se repartía entre estos y los temporales. Pero todo apunta que una vez que se consolida la estabilización de las plantillas con las nuevas reglas laborales, las dimisiones se empiezan a desacelerar. La pregunta es cuánto llegarán a hacerlo.

A falta de conocer los datos de los tres últimos meses del año, lo que sabemos es que en octubre, noviembre y diciembre las renuncias se frenan respecto a los meses de verano. Esto puede suponer una media mensual algo superior a las 200.000 renuncias de indefinidos mensuales, lo cual supone que podrían rondar los 2,3 millones entre estos asalariados y situaría la cifra del total cerca de los 2,9 millones.

De cara a 2024, un escenario con 3 millones de dimisiones anuales sería coherente con un mercado laboral con mucho mayor peso de la contratación indefinida del que históricamente ha tenido España, pero también hay tener en cuenta que en esta cifra han influido las tensiones de mano de obra que no tienen nada que ver con la reforma laboral.

Eso sí, si como ocurre en el resto del mundo, dichas tensiones aflojan por el impacto de la subida de tipos y la restricción de acceso al crédito, así como por la propia incertidumbre económica y política, podría darse incluso una desaceleración similar a la de 2019, en cuyo caso las dimisiones podrían tener un crecimiento aún menor el próximo año y mantenerse en niveles similares a los de 2023 (o incluso retroceder levemente), lo cual se traduciría en un alivio aún mayor de la presión salarial.

El riesgo es que, en un mercado laboral como el español, en el que los despidos se disparan en línea con las dimisiones, este enfriamiento se traduzca en un rápido repunte de los ceses y, en consecuencia, mayor destrucción de empleo que en el resto de las economías de nuestro entorno. Teniendo en cuenta el historial del mercado laboral español en el pasado y que hoy partimos de una tasa de paro del 11,8%, se trata de una posibilidad en absoluto descartable y ante la que el ‘colchón de unos empleos más estables no serviría de nada.

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