Lituania es la tierra prometida para las ‘fintech’ | Negocios

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En octubre de 2022, la compañía británica Revolut dejaba el Reino Unido para instalarse en Lituania, a orillas del mar Báltico. La fintech —empresa digial de servicios financieros— se trasladaba definitivamente a territorio de la Unión Europea por la dificultad, cada vez mayor, de dar servicio al mercado del viejo continente como consecuencia del Brexit. “Siempre nos centramos en nuestros clientes y entendemos que a nadie le gusta lo desconocido”, declaró la portavoz de la empresa, Ieva Elvyra Kazakevičiūtė, poco antes de la salida. Junto a ella, ya son 263 las empresas que forman parte del sector fintech, que emplea a más de 7.000 profesionales en un Estado de apenas 2,8 millones de habitantes.

“Somos el primer país de Europa en expedición de licencias de banca digital”, destaca Diana Girdenyté, directora de Proyectos de Inversión en la agencia estatal Invest Lithuania. Este hito es posible, añade, gracias a que han logrado construir “el mayor hub de empresas fintech de los países miembros de la UE y el décimo mejor país para estas empresas en el ranking mundial elaborado por Global Fintech Index, con una cartera de clientes que supera los 25 millones de usuarios”.

La capital, Vilnius, ocupa el segundo lugar de ciudades de tamaño medio en atracción de inversión extranjera, según se refleja en el informe fDi’s European Cities of the Future 2022. Además del divorcio británico, el traslado masivo de empresas bielorrusas —aludiendo, sobre todo, a motivos de seguridad— a partir de 2020 y la estrategia de Lituania de posicionarse como la puerta de entrada al mercado europeo de las start-ups de origen estadounidense ha dado alas al conjunto del sector de la innovación. El país, que ya contaba con tres empresas valoradas en más de 1.000 millones de dólares o unicornios —Vinted, Nord Security y Baltic Classifieds Group— desde principios de este año, ha puesto todos los esfuerzos en liderar el sector de la innovación en Europa hasta convertirse en un auténtico referente mundial en el sector de la banca digital.

Una regulación muy flexible, junto a una infraestructura digital cada vez más vanguardista —el coste del acceso a banda ancha es uno de los más competitivos del mundo— y el prestigio en materia de ciberseguridad —ocupan la sexta posición en el Global Cyber Security Index— son algunos de los elementos que explican el crecimiento de las empresas emergentes del sector financiero en tierras lituanas. En 2016, el país apenas contaba con 82 compañías, que se han triplicado en tan solo seis años. De las 263 actuales, cerca de la mitad son de origen nacional, y en 2022 captaron financiación por valor de 67,9 millones de euros, multiplicando por cuatro las cifras obtenidas en 2020. El resto de fintech provienen en su mayoría del Reino Unido (33), Estados Unidos (16) y Estonia (8). El 34% de todas ellas se dedican principalmente al ámbito de los pagos.

La gran pregunta es si un país pequeño puede realmente llevar a cabo unos planes de crecimiento tan ambiciosos, en un continente como Europa con una competencia feroz —con colosos del tamaño de París, Berlín o Estocolmo—, no solo en el sector financiero, sino como hub de innovación internacional a todos los niveles. Las intenciones, al menos, apuntan en esta dirección. Entre las novedades que se han presentado este año está la Tech Zity, llamada a convertirse, en palabras de su fundador y director, Darius Žakaitis, en el “mayor hub de toda Europa”. Lo que todavía hoy es una antigua fábrica textil abandonada de la era soviética, tendrá la capacidad de albergar a cerca de 5.000 trabajadores de empresas dedicadas a la innovación y el desarrollo tecnológico.

“El objetivo es, además del traslado de parte de las oficinas de las empresas ya consolidadas de nuestro país, atraer start-ups del resto del país y, sobre todo, talento internacional”. La inversión prevista supera los 100 millones de euros, un capital “de origen 100% privado”, según cuenta Žakaitis. El objetivo es que a finales de 2024 la primera fase del proyecto ya esté terminada.

Hasta el momento, los números les son favorables: los principales indicadores muestran un crecimiento notable en los últimos años. De hecho, durante el último lustro, y a pesar de la irrupción de la pandemia, el tejido de innovación del país ha protagonizado un crecimiento sin precedentes. “El valor del sector tecnológico se ha multiplicado por 17 en apenas tres años”, relata a EL PAÍS la ministra de Economía e Innovación, Aušrinė Armonaitė, miembro del socioliberal Partido de la Libertad (Laisvės Partija). Esta pequeña república báltica —que junto a Polonia es el único país del mundo que tiene frontera tanto con Rusia como con Bielorrusia— cuenta ya con 1.000 start-ups tecnológicas, y presume de ser el segundo ecosistema de Europa en términos de crecimiento.

Biotecnología y salud

Además del sector financiero, el país también está centrando su estrategia en la biotecnología y las ciencias de la salud, dos sectores. Kilo Health es un ejemplo. Según detalla Ilona Bernotaité, directora de Personal, son “la segunda empresa de bienestar digital con mayor tasa de crecimiento en Europa”. Actualmente, ya superan los cinco millones de usuarios, han triplicado los empleados en menos de cuatro años hasta llegar a los 800 actuales y facturaron más de 230 millones de euros en 2022.

Pero es en el área de las TIC donde ha habido más casos de éxito. Según los datos de Eurostat, Lituania alcanzó en 2022 los 52.200 puestos de trabajo relacionados con el sector de las tecnologías de la información y la comunicación. La unidad de desarrollo de Wix (gestor de páginas web), el hub de ingeniería de la empresa de servicios en la nube Chronosphere, o la plataforma de soluciones digitales para restauración Raydiant son algunas de las historias de éxito más recientes.

Lituania quiere presentarse a Europa como la alternativa a Irlanda como plataforma digital. Sus ventajas se basan en unos precios mucho más competitivos, ligeras ventajas fiscales y una mano de obra más barata. El país ya ocupa el octavo lugar en la clasificación de competitividad fiscal dentro de la OCDE, según el International Tax Competitiveness Index 2022, y está tomando el relevo de Estonia, autodenominada como una “nación unicornio” y que hasta ahora había marcado el camino a seguir en materia de innovación en Europa del Este. Además de algunos escollos como la complejidad del idioma y su ubicación en el extremo oriental del continente, habrá que ver cómo acaban afectando al desarrollo del país factores externos como la guerra en Ucrania, cuya cercanía e imprevisibilidad auguran una amenaza con consecuencias cada vez más difíciles de pronosticar.

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