La magia de la capitalización previsional

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Ahorrar para la jubilación es una práctica virtuosa de enormes implicaciones positivas para toda la sociedad. Quienes ahorran contribuyen decisivamente para su propio bienestar y también para el bienestar de quienes no ahorran. El ahorro es el combustible de la financiación de la economía, de su crecimiento y de sus agentes productivos, las empresas. Sin el crédito no sería posible el funcionamiento cotidiano de los negocios, ni el mismo emprendimiento. Si el ahorro es estable y a largo plazo, el impulso al crecimiento es aún mayor, generando una cadena de rendimientos adicionales que refuerzan el bienestar de los propios ahorradores y sosteniendo el dinamismo de la inversión, la demanda agregada y el empleo en la economía.

Se ahorra por muchos motivos: para afrontar un futuro incierto (el motivo precautorio) o para afrontar la etapa no productiva de la vida (la jubilación, o el motivo previsional); para adquirir una vivienda, para los estudios superiores de los hijos o para dejar una herencia. Se ahorra más cuanto más homogénea es la distribución de la renta (a cuya dinámica contribuye el ahorro también, que favorece la estabilidad de las clases medias). El ahorro es consustancial a la autonomía individual, la vida familiar y base de una sociedad cohesionada.

El ahorro para la jubilación a través de sistemas de capitalización (vía planes de empleo o individuales, o seguros de jubilación) es, en muchos países avanzados, el componente más importante de la riqueza de los hogares. En Holanda, por ejemplo, la riqueza previsional equivale a 2,3 veces el PIB, mientras que en España apenas llega a 0,25 veces (planes de empleo y seguros de jubilación).

La Seguridad Social existe en virtualmente todos los países del mundo y surgió en el último cuarto del siglo XIX para afrontar el grave problema de la pobreza de los proletarios industriales durante la jubilación, que no era sino una extensión agravada de la pobreza que sufrían durante su vida laboral sujeta, además, a profundas situaciones de necesidad causadas por los frecuentes accidentes laborales, muchos de ellos letales. De ahí surgieron también, en muchos países, las pensiones de viudedad y orfandad, incluso antes que las propias pensiones de jubilación.

La Seguridad Social es, en el fondo, un sistema de ahorro forzoso universal. Si bien lo era solo en sus orígenes, en los que se capitalizaban las aportaciones de empleadores y trabajadores en «cajas de retiro obrero» de la industria de hace un siglo. Una serie de avatares históricos acabaron instaurando en la Seguridad Social el método financiero del reparto con lo que se acabó la capitalización del ahorro para la jubilación por esta vía. A cambio, la Seguridad Social logró integrar a todos los trabajadores en un esquema protector universal que ha perdurado hasta nuestros días.

Hoy, la capitalización del ahorro para la jubilación es la base principal de la renta de las personas jubiladas en los países más avanzados, generalmente por la vía de las pensiones de empresa, pero también por las pensiones de gremios profesionales y trabajadores autónomos. Ya se ha mencionado el caso de Holanda. El ingente volumen de ahorro previsional que existe en este país proporciona a la totalidad de los asalariados pensiones equivalentes al 70% de su salario previo, la Seguridad Social aporta otro 30%. Holanda, como es bien sabido, es uno de los países más productivos y dinámicos del mundo.

La capitalización del ahorro consiste simplemente en invertirlo en activos rentables sin tocarlo durante un largo periodo de tiempo. En este marco de duración y aportaciones regulares se produce la denominada «magia del interés compuesto». Es decir, por ejemplo, en el plazo de 30 años, al 3,5% de rentabilidad anual, 1.000 euros aportados a la hucha se habrán convertido en 2.807 euros. Esos mismos 1.000 euros aportados cada año en los 30 años mencionados, se habrán acumulado, al cabo del periodo, en 53.429 euros.

Esta suma, a su vez, reinvertida al mismo tipo de interés, durante 20 años más en un fondo del que se fuese extrayendo un pago mensual hasta el agotamiento total de los ahorros al cabo del periodo, daría para una renta vitalicia anual de unos 3.200 euros (unos 270 euros en 12 pagas mensuales).

Si en ese mismo lapso de 30 años se ahorran 1.000 euros cada uno de los 10 primeros años, al cabo de los 30 años, al 3,5%, se obtendrían 24.160 euros (2,4 veces lo ahorrado), mientras que si esos mismos 1.000 euros anuales se ahorran en los últimos 10 años del periodo solo se obtendrían 12.142 euros (1,2 veces lo ahorrado). El tiempo es el motor de la magia del interés compuesto.

Otro de los ingredientes de la magia de la capitalización previsional es el tipo de interés. En el ejercicio anterior se ha utilizado un tipo del 3,5%. Hoy suben los tipos y se reactiva la magia, pero se han vivido largos periodos recientes de tipos nulos o negativos. No obstante, los buenos gestores de fondos previsionales, que se encuentran también dentro de nuestro país, pueden obtener rentabilidades sensiblemente mayores. En términos históricos no es infrecuente observar rentabilidades medias de alrededor del 5%.

La capitalización previsional, de empleo, profesional o individual, es una excelente opción para lograr buenos complementos de renta para la jubilación al tiempo que se financia el dinamismo de la economía y su crecimiento a largo plazo. Esto crea un círculo virtuoso de externalidades que favorecen a todos.

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