George W.F. Hallgarten: el historiador burgués que detalló las relaciones entre la gran banca, la industria, el militarismo prusiano y el nacionalsocialismo – Mehmet Can Dinçer
George W.F. Hallgarten fue un historiador sin par entre los historiadores de la posguerra. Hoy en día está prácticamente olvidado. Sus estudios de investigación sobre el militarismo y el imperialismo alemanes desafiaron la historiografía establecida a ambos lados del Telón de Acero. En El eclipse de la fraternidad, Antoni Domènech cita varias veces su obra Deutsche Industrie und Politik von Bismarck bis die Gegenwart (Política e industria alemanas desde Bismarck hasta la actualidad), escrita en colaboración con Joachim Radkau, y donde define a Hallgarten como “tal vez el mayor especialista en las relaciones de Hitler con la industria y la gran banca alemana”. SP
Se dice que fue un enfant terrible, un outsider. A juzgar solo por sus escritos, este ilustrado estaba mucho más cerca del pueblo que la mayoría de su gremio. George W. F. Hallgarten vivió las grandes catástrofes del siglo XX y las abordó como historiador de una manera sin precedentes. Como crítico temprano de las condiciones capitalistas y militaristas de la época de Guillermo II, escribió sobre las intrincadas redes de influencias y los entresijos entre la política exterior y la economía. No satisfecho con evaluar la política exterior exclusivamente en función de factores externos, siempre investigó también las relaciones de poder en la política interna. Prestó especial atención a la industria armamentística.
Como investigador judío-alemán de tendencia liberal de izquierda, Hallgarten fue apartado de las cátedras durante toda su vida. Murió hace poco más de 50 años, el 22 de mayo de 1975, sin haber tenido nunca una cátedra propia. Sin embargo, sus obras, en particular su obra en dos volúmenes sobre el imperialismo, son exquisiteces historiográficas de la más alta calidad, minuciosamente documentadas, con gran atención al detalle, adornadas con ornamentos y servidas con una pizca de humor. Es hora de volver a interesarse por él y preguntarse: ¿qué nos ofrecen hoy su vida y sus obras?
¿Quién era Wolfgang Hallgarten?
Hallgarten procedía de una familia germano-estadounidense de Múnich. Su madre, Constanze, hija de la pintora y comprometida feminista Philippine Wolff-Arndt, dedicó toda su vida a los movimientos por los derechos de las mujeres y la paz. Durante el putsch de Hitler en 1923, escapó por casualidad y por poco de ser detenida por los fascistas. En 1932, antes de verse abocada al exilio, organizó una gran manifestación por la paz en Múnich. Su padre, Robert Hallgarten, era germanista y jurista, pero quizá más interesante aún es su abuelo: Charles Hallgarten, inversor ferroviario y banquero, ganó una fortuna en Estados Unidos que le permitió llevar una vida como filántropo en Alemania. Además de su actividad destacada en diversas asociaciones judías, siguió haciendo negocios con personas como Carl Fürstenberg o Friedrich Naumann, a quienes apoyó financieramente en sus proyectos con la Asociación Liberal (Freisinnige Vereinigung) o la revista Die Hilfe. En un efusivo obituario, Naumann describió a su mecenas como un capitalista con un gran corazón.
Así pues, Wolfgang Hallgarten nace en 1901 en el seno de una familia culta y muy acomodada. Se construyen una elegante casa en Múnich, viven cerca de la familia Mann, con la que mantienen una buena amistad y sus hijos juegan juntos. En casa se toca música y se estudia. Wolfgang recibe todo el apoyo posible y desde muy temprano quiere ser historiador. Todo el entorno de los Hallgarten se lee como un quién es quién de Múnich, con nombres como Mann, Ganghofer, Thoma, Furtwängler, etc. Entre las curiosidades biográficas de esta etapa se encuentra un compañero de clase que se distinguía por su «corrección excesiva típica del empollón» como cuenta Hallgarten. Se trata del que más tarde sería Reichsführer SS, Heinrich Himmler, con quien comparte pupitre. Aparte de este hecho retrospectivamente curioso, se podría pensar que se trata de un auténtico paraíso cultural en el que no muchos tienen la suerte de crecer. Pero la idílica apariencia esconde la realidad. El antisemitismo se intensifica, el belicismo también. En 1914, la paz se desvanece.
Después de la guerra mundial, Hallgarten estudia historia y, junto a Erich Marcks y Hermann Oncken, asiste a clases de Max Weber, Karl Jaspers y Emil Lederer, entre otros. Weber le impresiona especialmente, aunque también recurre con frecuencia a Karl Marx. Además de sus estudios, participa activamente en diversos grupos estudiantiles. En 1925 se doctora con una tesis sobre La amistad alemana con Polonia en el periodo de la Revolución de Marzo. A continuación, trabajó brevemente en Hamburgo en el Instituto de Política Exterior, en sustitución del historiador Alfred Vagts, quien más tarde se convertiría en su «mejor y más fiel amigo». Sin embargo, el pronto regreso de Vagts hizo que se prescindiera de Hallgarten.
Intrigas y palizas: Hallgarten, Kehr y «Großhakenkreuznach»
En la República de Weimar, el joven historiador no conseguiría encontrar ningún trabajo más. Se concentró aún más meticulosamente en la investigación y se refería a sí mismo en sus memorias como un «burgués que vivía de sus rentas». De hecho, parece extravagante que Hallgarten se tomara la sopa en [la mítica avenida de Berlín] Unter den Linden con toda la calma antes de pasearse tranquilamente hasta la Biblioteca Estatal de Prusia, «donde desde hacía horas» el secretario «estaba revisando periódicos para mí». Lo que otros obtenían gracias al privilegio de una cátedra, es decir, ayudantes estudiantiles, Hallgarten lo conseguía con ayuda de un rico hogar paterno. Después de pasar cinco años recopilando material de los más diversos archivos, «se puso a dictar» su obra magna, Imperialismo antes de 1914. La redacción le llevó otros dos años.
Las nubes se cernieron a partir de entonces sobre Alemania teñidas de un profundo negro. Hallgarten, al igual que su colega y estimado amigo Eckart Kehr, también historiador de gran talento, continuó trabajando en sus proyectos de investigación a principios de la década de 1930. Sin embargo, con el creciente giro hacia la derecha, las puertas de las instituciones académicas y los archivos se cerraron cada vez más. De todos modos, durante todo el periodo de Weimar se pusieron trabas a los historiadores socialistas y liberales de izquierda. «En su mayoría, no se toparon en realidad con argumentos críticos en contra», juzga el historiador y experto en fascismo Manfred Weißbecker, «sino más bien con un rechazo lleno de odio».
La mayoría de los historiadores antirrepublicanos, guardianes del santo grial del gremio historiográfico, no escatimaron esfuerzos para silenciar las opiniones críticas: se tejieron intrigas, se rechazaron tesis doctorales, se frustraron becas, se registraron archivos, se «desencuadernaron temporalmente» archivos antes de que Hallgarten los recibiera, para luego «volver a encuadernarlos» (según Hallgarten en Als die Schatten fielen [Cuando cayeron las sombras]). Los trabajos académicos críticos fueron «considerados tabú y sus autores aislados socialmente», según mantiene Werner Röhr en su libro sobre el debate sobre la culpa de la guerra. Pero ¿no era esto último también aplicable a Röhr, Weißbecker y sus compañeros? Una práctica similar alcanzaría después de 1989, en condiciones radicalmente diferentes, a numerosos antiguos académicos y académicas de la RDA, incluyendo sus obras, y a quienes impactó de lleno y fueron directamente expulsados sin miramientos. Volviendo a Hallgarten: tanto la Gestapo como el historiador fascista Walter Frank se quejaron tras la toma del poder de que se les habían entregado demasiados archivos, según descubrió Hallgarten después de 1945.
A pesar de ello, a los dos jóvenes científicos les fue mucho mejor que a los numerosos comunistas y socialdemócratas torturados y asesinados por los fascistas hasta 1933. No se vieron envueltos en la lucha callejera diaria, pero lucharon en un ámbito más apartado, por su cuenta, contra los conservadores de derecha y los fascistas. Sus trabajos merecen sin duda alguna la calificación de antifascistas. Indudablemente merece la pena investigar en otros lugares a los numerosos académicos de izquierdas y liberales de Weimar que no se mencionan aquí.
Mientras Kehr era despreciado por el lado conservador como «bolchevique refinado» (según el historiador conservador Gerhard Ritter, que más tarde también combatiría a Fritz Fischer), él llamaba la atención sobre la pose «socialista» de ciertos círculos burgueses, algo que se reflejaba – entre otras cosas – literalmente en la misma etiqueta de «nacionalsocialistas». El 6 de agosto de 1932, Kehr escribió a Hallgarten, que se encontraba en la fase final de su libro: «¿Cómo va su trabajo? Debe ser especialmente placentero para usted demostrar precisamente ahora la impregnación capitalista de las actitudes no capitalistas o anticapitalistas de la burguesía filistea. Dentro de treinta años tendremos material suficiente, espero, para poder demostrar en detalle que Adolf y sus trece millones de ciudadanos idiotas enloquecidos eran putas de los Thyssen, etc. Y si la historiografía tiene algún sentido hoy, es el de desenmascarar la hipocresía interna de todas las clases que vuelven a alcanzar el poder y a las que la burguesía filistea faltada de juicio les sostiene el estribo. Hasta que las SA nos tire granadas de mano a la cama, debemos cumplir con nuestro deber».
No llegó a tanto. En 1933, ambos abandonaron Alemania. Antes de abandonar Múnich, Hallgarten comentó precisamente sobre esta «burguesía filistea faltada de juicio» y advirtió encarecidamente a su amigo que no regresara de Estados Unidos: «Borre todo lo que sea útil, bueno y correcto, queme sus libros, rompa su trabajo, golpéese la cabeza con una porra, cuélguese un cartel que diga: «Nunca volveré a escribir una línea contra el Estado», luego déjese arrastrar por Broadway en camisa y descalzo por unos tipos fuertes a plena luz del día, y tendrá un retrato fiel del republicano medio alemán». «Hágase periodista, […] payaso de circo […] cualquier cosa es mejor que volver a Großhakenkreuznach. […] Así que pronto seguiré el camino de todos los Herzen, Bakunin, Marx, Heine y Ruge». (I)
Kehr falleció a una edad temprana, dos meses después, en Washington. ¿Qué frutos habría dado esta amistad? Fue una fuente de inspiración y motivación para ambos en un entorno hostil. Aquí hay que recomendar encarecidamente sus estudios sobre la burocracia, el ejército, la flota y la política financiera de Prusia, entre los que se encuentran títulos como Luchas de clases y política armamentística en la Alemania imperial. Hallgarten se marchó a Francia y, tras varias escalas, llegó a Estados Unidos, donde en 1942 el ejército le cambió el nombre por el de George W. F. Hallgarten.
La historia detrás del imperialismo antes de 1914
Su obra principal, terminada en 1933, se publicó por primera vez en París en 1935 con el título Vorkriegsimperialismus (Imperialismo anterior a la guerra). Esta versión abreviada del original le ayudó al menos a encontrar trabajo en Estados Unidos, aunque allí tampoco llegó a obtener una cátedra. No fueron muchos los historiadores exiliados que regresaron. Jürgen Kuczynski (Inglaterra), Karl Obermann (EE. UU.), Leo Stern (Unión Soviética) o Walter Markov (del campo de concentración) se fueron a la RDA. Hallgarten regresó a su ciudad natal, Múnich, donde impartió una clase magistral sobre la dictadura en 1949. Como consecuencia de la guerra mundial, su manuscrito completo seguía guardado en un cajón. Finalmente, «gracias a sacrificios económicos personales», se publicó en Alemania en 1951, ahora con el título Imperialismo antes de 1914, dieciocho años después de su redacción. Si Hallgarten asoció su obra con la esperanza de «aportar elementos para la reconstrucción intelectual de Alemania», no fue muy bien recibido por otras partes.
Los historiadores de la RFA que, como era de esperar, criticaron esta obra monumental en dos volúmenes eran, en su mayoría, los viejos conservadores a quienes el fascismo apenas les había tocado un pelo. Al contrario: historiadores como Theodor Schieder tenían mucho que ocultar y solo se diferenciaban en matices de Franz Josef Strauß, Hans Globke, Theodor Oberländer o Adolf Heusinger. Schieder, por ejemplo, había participado activamente en el Plan General del Este con un memorándum sobre Polonia que no se dio a conocer hasta mucho más tarde, en el que se incluían planes de limpieza étnica, deportación y desjudaización, para luego, después de 1945, convertirse en uno de los más fervientes portavoces de los expulsados, lamentando la pérdida del Este y agitando contra los soviéticos.
Hay que tener muy presente esta atmósfera pérfida para comprender el entorno en el que de nuevo se movía Hallgarten. Sus «colegas» le habían deseado la horca o la cámara de gas pocos años antes. Sin embargo, a pesar de haber participado en diversos crímenes contra la humanidad, no acabaron en la horca, sino de nuevo en la cátedra. Ahora bien, la participación y la implicación no fueron tan lejos en todos los casos. Otros conservadores más moderados, como Karl-Dietrich Erdmann, «solo» habían escrito libros de texto antisemitas y material propagandístico. Hallgarten mantuvo firmemente en sus memorias: «Cuando finalmente se derrumbó el Reich de Hitler, no fue en absoluto botín de los revolucionarios alemanes, sino de las potencias vencedoras, que no tenían nada más urgente que hacer que confirmar el monopolio de las cátedras históricas por parte precisamente de los mismos círculos contra los que se dirigía mi gran obra sobre el imperialismo y que, acosados por los nazis, pero no sustituidos, se habían mantenido en el poder en su mayor parte.»
En su obra, Hallgarten se dedicó a los «fundamentos sociológicos de la política exterior de las grandes potencias europeas antes de la Primera Guerra Mundial», según reza el subtítulo. A diferencia no solo de la corriente dominante en Weimar, sino también de la actual, aborda aquí la influencia de los factores económicos y de la sociedad en conjunto en la política (exterior). A lo largo de sus páginas, ofrece el análisis más minucioso del material, revelando un intrincado entramado de capital financiero, industria y diplomacia, sin estar en la línea marxista-leninista. Para él, lo importante es «la táctica de los individuos históricos». El objetivo científico de Hallgarten «es una contribución empírica a la teoría de la motivación», es decir, aclarar la pregunta: ¿por qué actúan las personas de este o aquel modo?
Hallgarten no tenía nada que ver con los enfoques tradicionales, aquellos que reducían la historia a «grandes hombres», concebían los Estados como estructuras monolíticas y escribían «Inglaterra hizo esto» y «Rusia hizo aquello». Asociaciones empresariales, trusts y monopolios, organizaciones propagandísticas y coloniales (think tanks), reyes y barones, sultanes y traficantes de armas, grupos de presión y personas influyentes de diversos países: todos ellos fueron diseccionados, caracterizados con los detalles más comprometedores y puestos en contexto. Este gigantesco proyecto se vio respaldado por innumerables fuentes, algunas de ellas nuevas, que combinó con un virtuosismo hasta entonces desconocido. Reveló al público muchos tesoros de archivos y registros periodísticos, con una cierta predilección por el comercio de armas y las altas finanzas. Finalmente, la gran cantidad de documentos se amplió considerablemente y en 1963 se publicó una segunda edición.
Un historiador entre el Este y el Oeste: opiniones sobre Hallgarten
La competencia entre sistemas tras la derrota del fascismo alemán no supuso en realidad una situación totalmente nueva para Hallgarten en el ámbito académico. Seguía siendo sospechoso para la mayor parte de los historiadores burgueses de Alemania occidental, que lo consideraban un marxista encubierto. Por el contrario, en la RDA se le consideraba un representante del bando burgués.
En resumen: las críticas del bando occidental apuntaban a la supuesta exageración de la relación entre los intereses económicos y la política del Estado; todo el enfoque era demasiado materialista para este bando. También llegaron críticas desde Bielefeld (cuna de la «Historia social»): el trasfondo problemático de Bismarck y el imperialismo desencadenó una pequeña disputa entre Hans-Ulrich Wehler y Hallgarten (que quedó clara, por ejemplo, en [el libro de H.U. Wehler] Geschichte in Wissenschaft und Unterricht, cuyo editor, sin embargo, destacó los grandes puntos en común entre ambos). Wehler agradeció a Hallgarten su ayuda poniendo a disposición el legado de Kehr (Wehler publicó sus escritos en 1965). Sin embargo, el catedrático de Bielefeld omitió incluir a Hallgarten en una antología sobre imperialismo de la serie Neue Wissenschaftliche Bibliothek vol. 37 (¡en la que incluso figuraban Lenin e historiadores de la RDA!), a pesar de que este había contribuido de manera decisiva a reintroducir el concepto de imperialismo en Alemania occidental. Los historiadores marxistas-leninistas, por su parte, criticaron la mezcla de enfoques psicologistas y sociológicos, que a veces se inclinaban más hacia Weber y otras hacia Marx, y consideraban que estos últimos eran, por supuesto, insuficientes. A pesar de las deficiencias, el ejemplo de Hallgarten demostraba, según juzgó en 1975 el diligente investigador de la primera guerra mundial Willibald Gutsche, de una manera que realmente hace sonreír al recordarlo: «los historiadores burgueses con un juicio sobrio son capaces, a pesar de las limitaciones de conocimiento condicionadas por su clase, de alcanzar una comprensión más profunda que Wehler».
Se puede resumir claramente: los científicos progresistas reconocieron los importantes logros de Hallgarten para la historiografía alemana. Este conocimiento también se ha perdido hoy en día. Fritz Fischer, que con su libro Griff nach der Weltmacht (La lucha por el poder mundial) desencadenó un largo debate tanto sobre los objetivos bélicos de Alemania en la primera guerra mundial, como su responsabilidad en la guerra y la continuidad en la historia reciente de Alemania, elogió «la obra pionera de Hallgarten». Aunque ya estaba terminada en 1933, Joachim Radkau escribió en la versión publicada después de la guerra: «Pero incluso entonces, en 1951, se adelantaba ampliamente a su tiempo, y Hallgarten quedó marcado como un outsider en la historiografía alemana».
La llamada «controversia Fischer» (II), que supuso de hecho un proceso de democratización sin precedentes para la sociedad de Alemania occidental, reavivó diez años después de esta publicación temas «que ya se habían debatido en la época de Weimar y durante la emigración de Kehr, Hallgarten y otros», según reconoció Georg G. Iggers. [¡] Si Hallgarten hubiera obtenido su propia cátedra después de 1949 [!]
En la historiografía marxista, el historiador soviético Arkadij Samsonowitsch Jerussalimski, especializado en historia alemana, se hizo cargo de la obra de Hallgarten publicándola en ruso en 1961. La introducción de Jerussalimski, que encontramos impresa en la Zeitschrift für Geschichtswissenschaft, parece contradictoria en un primer momento. Una y otra vez aparecen los típicos clichés: «Lamentablemente, Hallgarten no entiende…», «la incoherencia de Hallgarten», etc. Sin embargo, en otros pasajes es «magistral y, en ocasiones, no exento de ironía mordaz y sarcasmo», al revelar «el mecanismo de influencia de los monopolios, las camarillas financieras, los magnates industriales y los oligarcas de los cañones sobre la política de los gobiernos». De hecho, debemos reconocer a Jerussalimski y su mérito en lo que no dice: al publicar la gruesa obra «magistral» en ruso, cuya introducción en la revista ZfG le ocupó casi 40 páginas, el autor debió de haberle impresionado, algo que no podía expresar directamente, por lo que tuvo que encontrar una forma de dar a conocer al burgués Hallgarten.
Hans Schleier, autor de una importante obra sobre la historiografía burguesa de la República de Weimar, también ve en Hallgarten, a pesar de todas sus críticas, a un «oponente de la política imperialista con un agudo sentido del carácter parasitario, inhumano [sic] y catastrófico de la política imperialista». A esto se suma «su gran valentía personal y el riesgo de la renuncia a una carrera académica». Considera sus memorias «una de las visiones más interesantes de la historia cultural y contemporánea que han salido de la pluma de un historiador». El antiguo redactor jefe de la ZfG y destacado investigador de la Guerra Mundial, Fritz Klein, relata en sus memorias, en referencia a la amistad entre ambos, que Hallgarten y él se ayudaban ocasionalmente en su trabajo científico. Cuando el anciano historiador falleció en 1975, Klein pronunció «un breve discurso en memoria de un importante historiador y buen amigo». Por último, Werner Röhr refirió a la importancia de Hallgarten para el debate sobre la cuestión de la culpa de la guerra.
A pesar de no tener un puesto fijo, Hallgarten siguió impartiendo clases como profesor invitado en Estados Unidos como también en Japón o México. Tampoco dejó de escribir y publicó importantes obras como Hitler, el ejército y la industria (1955), Una historia de la dictadura (1957) y un libro sobre la carrera armamentista (1967). Además de otros artículos, escribió sus memorias, tituladas Cuando cayeron las sombras (1969). Poco antes de su muerte, se publicó finalmente el volumen escrito junto con Radkau La industria y la política alemanas desde Bismarck hasta la actualidad (1974). Junto con Imanuel Geiss, discípulo de Fischer, Radkau publicó póstumamente una antología en honor a Hallgarten Imperialismo en el siglo XX, obra conmemorativa (1976). Cabe destacar el interesante artículo de Hallgarten, Complejo de extranjería y supranacionalismo, publicado en 1938 en el exilio en la revista Zeitschrift für freie deutsche Forschung.
«Imperialismo anterior a la guerra»: extractos de la obra de 1933
Para apreciar la labor de Hallgarten, cabe señalar lo siguiente: en Alemania ha habido dos fases de intenso debate sobre la cuestión de la culpa de la guerra de 1914. La primera siguió inmediatamente a la guerra mundial y estuvo dominada por un fuerte frente conservador de derecha que cargaba toda la culpa a los enemigos externos (la Triple Entente) e internos (los círculos socialdemócratas/pacifistas, véase la leyenda de la «puñalada por la espalda»). La segunda fase se inició con las investigaciones de Fritz Fischer (Griff nach der Weltmacht, 1961), aunque Jürgen Kuczynski ya había presentado en 1957, con su libro El estallido de la primera guerra mundial y la socialdemocracia alemana, «una obra pionera en la historiografía» también en lo que respecta al estallido de la guerra, pero que pasó desapercibida en la RFA y fue «fuertemente atacada» en la RDA debido a su incómodo análisis del papel de la socialdemocracia en 1914. Una eventual tercera fase en el transcurso del centenario de la guerra en 2014 no ofreció un debate efectivo (al igual que la primera fase), sino que, por el contrario, fue una campaña concertada por el Gobierno y los medios de comunicación en beneficio de autores como Christopher Clark y Herfried Münkler, que, con la ayuda del mito del «deslizamiento» [involuntario], practican un revisionismo histórico que pasa por alto las fuentes y cubre así los flancos de la actual política internacional alemana.
En todas estas etapas, el bando de la derecha conservadora trabajó en la malversación de documentos y el encubrimiento de hechos y circunstancias, tanto en sus monografías como en la publicación de documentos, ya fuera en la edición de archivos de exteriores con el título Die Große Politik der europäischen Kabinette 1871-1914 (La gran política de los gabinetes europeos 1871-1914) o la de los diarios de Riezler. Sin embargo, estos últimos dejaron claro que el intento de jugar con cartas marcadas fracasó estrepitosamente y Riezler se convirtió en un boomerang para los conservadores.
Dado que Hallgarten ya había desenterrado más fuentes antes de la era fascista (lo mismo ocurre con Kehr), no le resultó difícil llegar a otras conclusiones en cuanto a la culpa de la guerra. Al examinar los documentos, vio «en esos diez u once meses previos a la guerra mundial» una «evolución social oculta» hasta entonces, que condujo a un «cambio de tendencia» en la política alemana. Basándose en su análisis de las fuentes, llegó a la conclusión de que Alemania no había sido «seducida» por Austria ni se había «deslizado» de alguna manera. Fue uno de los primeros en llamar la atención sobre la desastrosa política turca del imperio alemán al debatir esta cuestión y publicó, entre otras cosas, documentos al respecto en la primera versión (Vorkriegsimperialismus, 1933/35), de la que se cita a continuación un extracto.
La «misión militar alemana» (en el Imperio Otomano), afirmó firmemente Hallgarten y de manera inequívoca, «protegía estratégicamente la expansión del capital industrial y financiero alemán, especialmente del ferrocarril de Bagdad». «A este objetivo se unía […] un lucrativo negocio de suministros», que había cobrado tal importancia que, por ejemplo, en marzo de 1914, los alemanes sopesaron seriamente retirar toda la misión militar de Turquía si Krupp no recibía pedidos de suministros, lo que evidentemente indica que estos suministros eran más importantes que la misión militar con la que Alemania supuestamente quería ayudar al imperio otomano, su «hermano de armas». Al mismo tiempo, Hallgarten mostró que la misma actitud imperaba en el lado francés y otros. La espiral armamentística que se describió aquí con gran deleite, y que se desarrolló especialmente en torno al punto caliente del Bósforo/Dardanelos (Constantinopla), aumentó el nerviosismo internacional ya en los meses previos a la crisis de julio. La creciente «inclinación hacia una solución bélica, que ahora crecía al mismo tiempo en Rusia», fue, según Hallgarten, «reforzada y desencadenada principalmente por la política alemana hacia Turquía y la misión militar».
Una constatación que no se pudo realizar hasta Fritz Fischer y sus discípulos en Alemania sobre la base de una documentación aún más amplia. Hallgarten escribió esto antes de 1933: «Convencida de que la gran prueba de fuerza con Rusia tenía que llegar tarde o temprano, y no dispuesta a evitarla con nuevas concesiones, por ejemplo, en Oriente, la dirección imperialista decidió no esperar a que la única y última arma de Alemania contra Rusia, el Imperio austríaco, se corroyera y oxidara, y a que el sable ruso estuviera completamente afilado. Las decisiones del 5 y 6 de julio de 1914 significan el intento de una revolución violenta en política exterior en toda la línea desde Berlín, pasando por Viena, hasta Constantinopla y bajando hasta Bagdad, aunque el mundo se hiciera pedazos».
Aunque aún no podía reconstruir en detalle la crisis de julio y el camino hacia el inicio de la guerra debido a la falta de acceso a los documentos, su valoración del verano de 1914 era básicamente correcta. En cualquier caso, para él, la guerra «no se produjo por las medidas tácticas y estratégicas ni por las artimañas de los últimos dos o tres días». Solo podía «desarrollarse si detrás había fuerzas sociales que se cruzaban». Precisamente a estas «fuerzas sociales» dedicó especialmente su atención.
Conocimiento e investigación
Lo que hace que Hallgarten siga siendo digno de lectura hoy en día no es solo su incomparable estilo de escritura, conciso, a veces mordaz e irónico. También es impresionante su dominio del material. Dos factores esenciales de sus obras son su exhaustiva base documental y la parcialidad que se deriva de ella, determinada por una actitud humanista que probablemente tenga sus raíces, al menos, en la rama materna. Cuando habla de injusticias, su lenguaje emite un juicio. Nombra a los culpables sin dejar de ser elocuente. Su erudición desde un punto de vista humanista convierte al lector en un compañero de lucha.
La falta de escrúpulos de muchos de los protagonistas de sus obras no se esconde tras una fachada temerosa y filistea de palabras vacías y teóricas, sino que la historia se vuelve tangible y accesible. Escribe de forma casi poética: «La línea ferroviaria Viena-Constantinopla, que más tarde continuó en el ferrocarril de Bagdad, es el anillo de los nibelungos. Su historia es astucia, violencia, robo y engaño, pero su final es el ocaso de los dioses de Europa».
Hallgarten escribió la historia desde abajo. Criado en tiempos de militarización y fascismo, sus obras, a pesar de sus defectos, son de gran valor en estos tiempos y pueden servir de inspiración para investigaciones. Concluimos este pequeño homenaje a un gran erudito con la frase final de su último prólogo a la obra Imperialismo. Con la mirada puesta en los peligros de la guerra nuclear, advertía aquí a la historiografía: «Si continúa, como suele ocurrir en Occidente, ignorando la naturaleza de los fenómenos tratados en la presente obra y omite informar al público sobre los enormes peligros que se derivan del dominio desenfrenado y el fomento mutuo de fuerzas militares y económicas que actúan con furia ciega, se convertirá en cómplice de la catástrofe final hacia la que se precipita inevitablemente la humanidad si las cosas siguen como hasta ahora».
Notas:
- Hallgarten hace un juego de palabras con Großhackenkreuznach. Großhackenkreuz significa “gran esvástica” y Bad Kreuznach es una población de Renania-Palatinado (NdT).
- La Fischer-Kontroverse está considerado uno de los debates historiográficos más importantes que han tenido lugar en la historia reciente de Alemania. El libro de Fritz Fischer Griff nach der Weltmacht rompía con el consenso en la historiografía académica desde la República de Weimar hasta 1960 según el cual Alemania no había tenido ninguna responsabilidad en el estallido de la Gran Guerra, como tampoco existía ninguna política de continuidad entre la política exterior imperial alemana de 1914 a 1918 y los objetivos en política exterior del régimen nazi. El libro de Fischer y las consecuencias del debate que se originó cambiaron radicalmente la hasta entonces aceptada versión académica y, por ende, política. El debate trascendió las puertas de las cátedras de historia para convertirse en un debate político y mediático con repercusión internacional. Véase la informativa entrada sobre el tema https://de.wikipedia.org/wiki/Fischer-Kontroverse. Véase también el interesante texto de la historiadora argentina María Eugenia Gay El Debate Fisher. O sobre cómo hacer historia sin hablar del pasado https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-09272015000200165 (NdT).
https://jacobin.de/artikel/geschichte-nazismus-faschismus-exil-historiker-nachkriegszeit-imperialismus













