Este científico español ha logrado que podamos ver las estrellas en Full HD
La tecnología de Wooptix permite capturar con altísima resolución la fase de frente de onda de la luz, lo que se traduce en mediciones ópticas muy precisas en tiempo real. Trabajan en sectores como la metrología de semiconductores y la oftalmología
¿Te has preguntado alguna vez por qué las estrellas parpadean cuando las miras? En realidad es un efecto óptico: ocurre porque la luz que nos llega se desvía al pasar por la atmósfera, como si atravesara un cristal ondulado. Por eso, en lugar de ver un punto brillante y nítido, las vemos borrosas, como una mancha difusa. Para solucionar esto, los grandes telescopios con un diámetro superior a 20 centímetros usan una tecnología especial llamada óptica adaptativa que actúa como un corrector, ajustando la imagen en tiempo real para eliminar este efecto borroso.
“Los telescopios consiguen esto gracias a unos sensores de fase de frente de onda, que son los que miden y corrigen las distorsiones que causa la atmósfera”, explica Jose Manuel Rodríguez, fundador y CEO de Wooptix. Ahora, esta startup de metrología óptica canaria ha logrado dar un paso más al detectar las fases de onda “con más resolución que nunca”, asegura el fundador.
“Hasta ahora, este tipo de sensores solo podían medir esas ondulaciones con una resolución baja, como si vieran el cielo a través de una cuadrícula de 40×40 puntos. Nuestro equipo puede medir esas ondulaciones con una nitidez altísima, como si viéramos una imagen en Full HD, 4K o incluso 8K, dependiendo del sensor que se utilice”. De esta manera, es posible capturar muchos más detalles: “Es como obtener una huella digital de cada píxel de la imagen, y esto ayuda mucho a los astrónomos a estudiar el universo con mayor precisión”.
Wooptix es una spin-off (iniciativas empresariales promovidas por miembros de la comunidad universitaria) de la Universidad de La Laguna, la primera surgida de esta institución. José Manuel Rodríguez es doctor en Astrofísica y catedrático en Electrónica. Su carrera se ha centrado en el estudio de la fase de frente de onda: fue la base de su tesis doctoral y el eje de su investigación desde 1990, aunque la empresa no fue constituida hasta 2016.
“Los científicos suelen tener solamente la carrera académica, es decir, basan toda su evolución en publicar y publicar. Pero si solo publicas, al final estás regalando la tecnología. Pensé en hacer lo contrario: primero patentar para sacarle partido a la tecnología y, después, publicar”. El primer obstáculo fue encontrar financiación: “Fui incapaz de encontrar inversores en Canarias, España o Europa, así que nos desplazamos a Silicon Valley. Allí conseguimos los primeros fondos”. El fundador explica que la primera inversión para fundar la empresa la hicieron en la sucursal de Torrelodones (Madrid) de Banco Santander, entidad con la que siguen trabajando a día de hoy: “Siempre nos han apoyado proporcionándonos garantías para acceder a proyectos financiados por entidades como el CDTI o Enisa. También nos han facilitado anticipos de dinero correspondientes a la devolución de impuestos. Seguimos trabajando de la mano con ellos”.
El origen: un contrato fallido con Intel
En un primer momento, la empresa nació con el objetivo de desarrollar tecnología de imagen tridimensional. El primer contrato fue con Intel: “Planeamos integrar nuestros algoritmos en los procesadores que iba a incorporar en dispositivos móviles”. Pero, seis meses después de recibir la inversión del gigante tecnológico, este cambió su estrategia. “Intel finalmente decidió no entrar en el mercado de móviles, así que nos vimos sin un rumbo claro”, explica el astrofísico.
Ante esta situación, decidieron reinventarse y enfocarse en la medición de fase de frente de onda. Una decisión que resultó muy certera, tal y como afirma José Manuel Rodríguez. Y es que, más allá de los telescopios, con esta tecnología han conseguido desarrollar otras aplicaciones clave, especialmente en el sector de semiconductores, donde ofrecen metrología con precisión nanométrica.
“Nuestra tecnología mide con precisión y rapidez la altura (eje Z) de las estructuras microscópicas en los chips, algo crucial para fabricarlos correctamente. Esto nos ha permitido ofrecer una solución disruptiva en la metrología de semiconductores, respondiendo a la creciente demanda de chips impulsada por la inteligencia artificial, que supera cualquier necesidad previa en la industria”, aclara. A día de hoy, Tokyo Electron, uno de los cinco grandes fabricantes de maquinaria para la producción de chips a nivel mundial, es uno de sus socios y forma parte de su accionariado.
“La tecnología tiene aplicaciones en oftalmología, donde han desarrollado dos prototipos que se encuentran en pruebas en la Fundación Jiménez Díaz (Madrid) y la Clínica Rosell (París)”
Más allá de su uso en astronomía y en la industria de los semiconductores, su tecnología tiene aplicaciones en campos como la oftalmología, un ámbito en el que han desarrollado dos prototipos que se encuentran en pruebas en la Fundación Jiménez Díaz (Madrid) y la Clínica Rosell (París). “Estas soluciones permiten, por primera vez, observar en tiempo real la evolución de una operación Lasik, diagnosticar automáticamente patologías como el queratocono o distrofias corneales, y seguir con precisión el desarrollo del síndrome de ojo seco”.
También trabajan en la microscopía y la endoscopia. Y es que, según relata, “gracias a nuestra capacidad para capturar imágenes de fase con altísima resolución y sin necesidad de modificar la luz incidente, podemos observar tejidos y estructuras biológicas transparentes —e incluso vivas— sin necesidad de colorantes o marcadores químicos”. De esta manera, aclara, “conseguimos una observación biomédica que amplía el espectro de posibles diagnósticos y descubrimientos en investigación clínica”.
Actualmente, la compañía ha completado tres rondas de financiación: en la primera y en la segunda participó Tokyo Electron; en la tercera se sumó Samsung. También obtuvieron el apoyo del ISI Accelerator de la Unión Europea, junto con el Gobierno español a través del CDTI, el programa Invierte y Seat. También cuentan con el respaldo del Grupo Mondragón, con Fagor y La Nova. “En este momento, tenemos 60 empleados y oficinas en Tenerife, con oficina en Madrid y una sede en San Francisco. Planeamos crecer a 84 empleados para finales de este año y alcanzar los 140 el próximo, ya que en el sector de los semiconductores, una empresa con menos de 100 empleados se considera vulnerable y necesitamos mayor escala. Prevemos comenzar a ser rentables en aproximadamente dos años”.













