El colapso en los permisos de trabajo para inmigrantes ahoga el plan de EEUU contra las vacantes



EEUU confía la salvación del mercado de trabajo en la inmigración, pero hay ciertos factores que pueden dar al traste con el plan de reducir los casi 10 millones de vacantes que contabiliza el país. La lentitud en la burocracia aviva los problemas en un momento en el que, además, el impulso de los trabajadores extranjeros a la fuerza laboral parece evaporarse.

En un esfuerzo por aliviar la presión de las vacantes en el país, la Administración Biden activó el programa de Estatus de Protección Temporal (TPS por sus siglas en inglés) que se da permiso para buscar trabajo a extranjeros ya en el país procedentes de 16 países catalogados como «inseguros» por el Departamento de Seguridad Nacional. La idea es que cubran puestos para los que no encuentran candidatos nacionales, pero el aluvión de peticiones amenaza con arruinar el plan.

Desde que en verano se abriera la mano para aplicar a las solicitudes de este permiso de trabajo temporal de 18 meses, las peticiones se acumulan en la ventanilla de Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS), la agencia que supervisa la inmigración legal en el país.

A los nueve millones de solicitudes pendientes que tenía en verano, la expansión del TPS sumó en torno a 350.000 nuevas tramitaciones, generando un cuello de botella de hasta 26 meses de espera que impide aliviar la escasez de trabajadores.

Además, la agencia acumula problemas de liquidez y ha tenido que afrontar en los últimos años tanto reducción de servicios como de personal. La USCIS se financia en gran medida con las tarifas de los solicitantes, pero en los últimos años ha dependido del apoyo financiero del Congreso para superar los atascos, después de estar cerca del colapso en 2020 debido a los recortes de gastos que contribuyeron a aumentar los tiempos de gestión de las solicitudes.

La fuerza laboral pierde el impulso de la inmigración

El retraso en la tramitación de las solicitudes no es la única traba al plan de EEUU para ayudar al mercado laboral. Los extranjeros fueron la llave del crecimiento de la fuerza laboral en 2021 y 2022, pero esa tendencia no se ha replicado este año.

Los trabajadores nacidos en el extranjero ayudaron a suavizar el golpe de una escasez de mano de obra sin precedentes que EEUU vivió durante la recuperación de la pandemia, al tiempo que redujeron la presión sobre los salarios. Sin embargo, la contribución de la inmigración al mercado laboral está desacelerando rápidamente y ha pasado de suponer el 95% del aumento neto de la fuerza laboral en los dos años posteriores al covid a una cuarta parte, según datos no ajustados de la Oficina de Estadísticas Laborales (define como ‘nacidos en el extranjero’ a todos los trabajadores nacidos fuera de los EEUU de padres extranjeros, independientemente de su estatus migratorio o nacionalidad. Los datos representan tanto a los trabajadores legales como a los ‘sin papeles’).

La importancia de la inmigración para el empleo no es cuestión menor. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, se ha referido en varias ocasiones a la inmigración como un factor clave para la fuerza laboral. Sin ir más lejos, en una conferencia el pasado 1 de noviembre, Powell señaló que «parte de por qué el PIB es tan alto es porque estamos recibiendo esa oferta» de trabajadores.

Con todo, las ciudades más pobladas del país, presionan a la Administración para que agilice las solicitudes de trabajo para reducir los más de nueve millones de vacantes que se concentran, sobre todo, en el sector servicios.

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