El alza de cotizaciones y el SMI elevan en 1.200 euros el coste por cada trabajador que cobra el mínimo

El alza de cotizaciones y el SMI elevan en 1.200 euros el coste por cada trabajador que cobra el mínimo


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El Gobierno ha cerrado un nuevo incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) del 5%, elevándolo hasta los 1.134 euros mensuales o 15.876 euros al año para un trabajador a jornada completa. Las empresas afrontan, de esta forma, un recargo adicional que se suma a la subida de las cotizaciones sociales provocada por el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que sube el tipo hasta el 0,7%. Así, el coste del trabajador sujeto al SMI experimentará un incremento de entre 90 y 100 euros mensuales en el coste total desembolsado por la empresa, en total unos 1.200 euros extra al año.

La nueva base mínima de cotización se actualizará, y pasará de 1.260 euros a 1.323 euros al mes (que suponen 15.876 euros anuales). De esta manera, el trabajador en salario mínimo sigue exento de presentar la declaración de la renta. El cotizante abonará 85 euros a la Seguridad Social cada mes (el 6,45% de su nómina), mientras que la empresa abonará otro 32% adicional, unos 424 euros mensuales. En total, un empleado que cobra el SMI le costará a la empresa 1.750 euros, aproximadamente, al sumar los costes salariales y los costes laborales.

La mayoría del tejido empresarial español, que son las pymes, absorben gran parte del impacto por la elevada presencia de los trabajadores con salarios bajos entre sus plantillas. Por ello, la patronal del sector, Cepyme, alzó la voz ayer recordando que «este incremento impacta de manera especial en las pequeñas y medianas empresas que, por su reducida estructura, su menor productividad e inferior aprovechamiento de las economías de escala, tienen menos recursos para asumir este incremento de costes laborales».

Cepyme explica que un incremento del SMI hasta 1.135 euros, en términos netos, alcanzará el 70% del salario medio en las pymes. «Una carga que resulta excesiva para estas empresas y conlleva riesgos para su sostenibilidad y para el mantenimiento del empleo que generan», denunciaron ayer en un comunicado.

La organización empresarial exige que las mejoras del SMI se aborden acordes a la coyuntura económica. La patronal no es optimista con el clima empresarial y la situación económica: «no es precisamente favorable para las pymes, que deben afrontar el efecto de la inflación en sus suministros y provisiones, además del alza general de las cotizaciones a la Seguridad Social».

En concreto, la evolución de la productividad, uno de los factores que según el artículo 27 del Estatuto de los Trabajadores deben considerarse a la hora de fijar el salario mínimo, ha tenido una caída del 3,8% desde 2018, exponen.

Así impacta en el conjunto de la economía

Los expertos consultados avanzan que las alzas del salario mínimo tensan la cuerda del empleo cuanto más estrechan el cerco con el salario medio, que actualmente supera los 25.500 euros en España y, a la vez, sus consecuencias (positivas y negativas) se magnifican una vez alcanza el SMI a más trabajadores. En juego hay una potencial destrucción de 37.000 puestos por el incremento de los costes laborales o una mayor dificultad de acceso al mercado laboral para los colectivos vulnerables a costa de mejorar la renta de los que ya trabajan.

Una vez se acercan al salario medio o al mediano, los efectos negativos ganan peso en la balanza del análisis a posteriori. Siguiendo la fórmula del Banco de España, que apunta a que cada incremento de un punto en los costes laborales destruye 0,3 puntos el empleo, los cinco puntos de incremento borrarían unos 37.000 puestos teniendo en cuenta que el Gobierno estima que el salario mínimo alcanzará ya a 2,5 millones de trabajadores en España.

Los efectos no son lineales, tampoco inmediatos, pero tocan directamente al eslabón más débil del mercado laboral en las etapas recesivas. A cambio, la evidencia publicada por el Banco de España o BBVA Research apunta a que existen efectos positivos en cuanto a redistribución de renta, reducción de la desigualdad salarial y parcialmente el riesgo de pobreza. El nivel de vida de los salarios más bajos ha crecido un 54% desde 2018, frente una inflación acumulada del 12,9%. También le ha comido terreno al salario mediano, que ha subido hasta 21.770 euros (un 10,5%) y al salario medio, que ha crecido hasta 25.540 euros (un 5%).

«Hasta el momento los efectos [negativos] no han sido relevantes», analiza Juan Ramón García, economista principal de la unidad de España y Portugal de BBVA Research, indicando que los problemas de desigualdad y pobreza no vienen tanto por el SMI sino por la insuficiencia de horas trabajadas (subempleo) o el propio desempleo. Informes de actualizaciones previas apuntaban a una destrucción de 30.000 puestos, según el cálculo de Iseak, grupo de expertos al que la ministra de Trabajo Díaz encargó este trabajo. Datos moderados, como también opinaba el Consejo General de Economistas. Aunque la ganancia de poder adquisitivo bate al moderado impacto sobre el mercado laboral, el análisis precisa de amplitud de miras.

La radiografía de SMI alcanza, principalmente, a un perfil de jóvenes (el 45% de los trabajadores en el mínimo interprofesional tienen hasta 34 años, unos 540.000 perceptores), mujeres o extranjeros con baja cualificación y empresas pequeñas. Es el colectivo que concentra los salarios más bajos y las profesiones de menor capacidad productiva.

El consenso, pues, es que el efecto de las alzas hasta la fecha es moderado, con el matiz de que no es inmediato ni total y se deja notar cuando la marcha de la economía no es tan próspera: en etapas de destrucción de empleo, la tasa de paro de los trabajadores de menor cualificación que conforman el colectivo vulnerable citado y la de los jóvenes se ha disparado. Es el eslabón débil de la cadena.

Tal y como explican empresarios a este medio, un efecto directo del incrementodel SMI es en la agricultura y empleadas del hogar, ambos con un elevado peso en los tramos más bajos. En el campo, en 2022 afectó a prácticamente la mitad de los trabajadores (46,9%) del sector, según las estimaciones del Gabinete Económico de CCOO. En ambos casos, la evolución de los afiliados a la Seguridad Social ha protagonizado un descenso y marca mínimos en al menos una década.

El debate se amplía al poner sobre la mesa el trabajo en b. Fuentes empresariales que han buceado en las estadísticas observan una diferencia notable entre la afiliación y la Encuesta de Población Activa (EPA) que difunde el INE en el caso concreto de las empleadas del hogar. En su caso, además de destrucción de empleo, estaríamos hablando del efecto sumergido.

Entre las mujeres se observa una ligera mejora a través del indicador de la brecha de género, es decir, la relación entre la retribución de las mujeres respecto a lo que cobran los hombres. La mayoría de las personas perceptoras del SMI son mujeres, según se desprenden las primeras estimaciones de CCOO.

Esta actualización del salario mínimo se repartirá de forma desigual por el territorio español. Andalucía ya concentraba en 2023 a unos 400.000 efectivos cuya tabla salarial se encontraba en el mínimo interprofesional y está llamada a ser una de las protagonistas junto con Canarias, Extremadura o Murcia, tres regiones que se colocan en la tabla rasa de retribuciones. Por su parte, la mayor parte de las personas perceptoras del nuevo SMI se encuentran en la rama de actividad de Comercio y Hostelería.

‘Subempleo’, el gran problema de la desigualdad

«El aumento de costes se ha traducido en destrucción de empleo o de horas en ciertos sectores», constata Juan Ramón García, economista de BBVA Research. Este es uno de los principales efectos ya descontados en sectores como la hostelería. El informe de los asesores de Díaz publicado en 2022 concluyó que las empresas redujeron las jornadas de los trabajadores afectados por el SMI para afrontar el incremento de costes. Como resultado, una de las claves de la desigualdad que apunta BBVA Research: el subempleo, trabajar menos horas de las deseadas y cobrar a razón.

En todo caso, lo que tratan de destacar los economistas consultados es que cuanto más cerca está el SMI del salario medio, más probabilidad hay de provocar efectos nocivos que, por moderados que sean, tocan directamente a los más vulnerables. Aunque el impacto sobre el conjunto de la economía sea reducido, el efecto sobre el grupo de los más vulnerables en concreto es elevado, explica el economista de BBVA Research.

El análisis tiene otra vuelta de tuerca: ¿puede llegar a suponer una barrera de entrada al mercado laboral? «Aunque la destrucción de empleo sea reducida, sí es relevante su capacidad de reempleo en el futuro», responde García. El alza del SMI (que acumulan un 54% desde la llegada de Pedro Sánchez a la Presidencia) supondrían una barrera para la reincorporación o el acceso al mercado laboral en un futuro. «Los incrementos del SMI no solo incrementan la probabilidad de destrucción de empleo, sino que también dificulta la probabilidad del empleo futuro», argumenta el economista.

El sector agrario es el más impactado: beneficia a la mitad de sus trabajadores

No es ninguna novedad que los trabajadores con menor cualificación suelen ocupar los trabajos con retribuciones más bajas y, además, la media los coloca entre los colectivos que más sufren el desempleo o las carreras laborales irregulares.

Los efectos sobre el mercado laboral no son lineales porque dependen de muchos factores, entre otros del poder de mercado de las empresas (capacidad de trasladar al mercado el precio final de sus productos por el incremento del coste laboral). Tampoco es similar en todos los sectores: si el SMI alcanza al mínimo marcado por convenio, el impacto en ese sector en cuanto a costes laborales será mayor en ese determinado sector.

Medida sin control ‘ex post’ independiente

En definitiva y poniendo el foco sobre el beneficiario, la empresa, el convenio y el conjunto de la economía, García explica que «los cambios en el SMI cuando la cobertura es muy grande tienes efectos mayores sobre la economía», unos efectos que deberían analizarse porque ya afectan a 2,3-2,5 millones de perceptores en nuestro país, según la horquilla de estimaciones de sindicatos, empresarios y Gobierno.

Los expertos con los que ha contacado este medio no han valorado en ningún momento la posibilidad de que el incremento del salario mínimo provoque un terremoto en el mercado del empleo, si bien coinciden en que existe una lucha política que deja de lado cualquier tipo de análisis. Díaz nombró un grupo consultivo de asesores o expertos que relegó a un segundo plano, síntoma del papel político.

«Todo incremento del salario mínimo y toda política económica debería estar evaluado ‘ex ante’, y esto es algo que adolece en España», reflexionan desde BBVA Research. García destaca que en Reino Unido existe la Low Pay Comission, un organismo independiente que asesora al gobierno sobre el Salario Nacional Vital y el Salario Mínimo Nacional, el equivalente al SMI en España. Es un organismo público e independiente que se financia a través de la cartera económica y cumple una función consultiva. Periódicamente analizan los efectos evidenciales y también realizan previsiones sobre el límite inferior de los sueldos en las islas británicas.

Hay que «hacer compatible las subidas del SMI con una economía saneada», reclama el experto de BBVA Research, que apostaría por evaluar y recomendar los futuros cambios según el impacto y el efecto a posteriori. «El incremento del salario mínimo, igual que otras políticas, deberían ser predecibles y ajustados a otras políticas. Una vez fijado un objetivo, sería deseado que estas subidas fueran preestablecidas para que las empresas pudieran predecir los costes y los trabajadores las mejoras salariales a medio plazo», argumenta García.

El incremento del salario mínimo es común para toda la población asalariada. En este punto, BBVA Research explica que el Gobierno podría plantear una diferenciación por sectores profesionales, edad o regiones. ¿Por qué? Para evitar que repercutan de forma diferencial en grupos desfavorecidos, como por ejemplo los jóvenes. La evidencia es que un SMI menor facilita la incorporación para jóvenes al mercado de trabajo. «Sería conveniente repensar esta figura de doble salario mínimo», sentencia el economista.

En www.eleconomista.es

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