el 58% de los parados tiene más de 45 años

el 58% de los parados tiene más de 45 años


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Nunca los profesionales con experiencia han tenido tantos problemas para encontrar trabajo; al menos, es la conclusión a la que invitan las estadísticas de desempleo. El número de parados registrados de más de 45 años ascendía en mayo a 1,5 millones. Suponen un 3,5% menos que hace un año, pero este descenso no ha impedido que su peso relativo siga al alza y ya haya alcanzado el 58,1% del total, el máximo de la serie histórica.

Hace exactamente tres años, desde mayo de 2021, que la proporción de desempleados mayores inscritos en los servicios públicos de empleo superó el 50%. Desde entonces no ha habido vuelta atrás. En un contexto positivo para el mercado laboral, esta evolución tiene una explicación: el desempleo ‘senior’ se reduce mucho menos que el del resto de grupos de edad. Y abre un nuevo frente para el mercado laboral español cuando aún sigue sin resolver el que se suele considerar su mayor problema: el paro juvenil.

Así, el descenso de parados menores de 45 años alcanza un 41,7% (un 44,5% los menores de 25 años y un 40,1% los de entre 25 y 44 años) mientras los que alcanzan y superan ese umbral solo lo han hecho en un 20,5%. Este desequilibrio, en un periodo marcado por el fuerte rebote del empleo tras la pandemia deja claro quiénes son los grandes ‘perdedores’ de la recuperación. Al menos según las métricas que cada mes publica el SEPE.

Los datos de la Encuesta de Población Activa arrojan un panorama algo diferente y rebajan este porcentaje al 41,9%, frente al 42,1% de los desempleados ente 25 y 44 años y el 15,6% de los menores de 25% (aunque estos últimos, como es sabido, arrastran la mayor tasa de paro). En cualquier caso, el peso de los desempleados mayores de 45 años sobre el total se ha duplicado en los últimos veinte años, mientras el de los otros dos colectivos se ha reducido. Esto hace prever que los datos del INE no tardarán demasiado en reflejar el equilibrio que ya anticipan los del SEPE, en línea con el envejecimiento de la población activa.

Conviene tener en cuenta dos motivos que explican la diferencia entra las cifras de la EPA y los servicios públicos del empleo. datos de los servicios públicos de empleo se debe a dos razones: la primera, los parados de mayor edad son más propensos al ‘efecto desánimo’, es decir, a renunciar a buscar activamente empleo.

Por otro lado, los parados de mayor edad que han cotizado son más proclives a inscribirse como demandantes de empleo, ante la expectativa de cobrar una prestación por desempleo. Por ello, esta evolución tiene un impacto directo en las arcas públicas. De hecho, aunque los parados registrados caen a un ritmo del 4,7% anual, el gasto en prestaciones sube un 2,2%.

Gasto en prestaciones y subsidios

El 63,4% de los perceptores de prestaciones por desempleo supera los 45 años, porcentaje que se sitúa en el 44,1% para las del nivel contributivas y en el 78,2% para los subsidios. Entre estos últimos destaca el subsidio para mayores de 52 años, que según los últimos datos reciben 443.6650 personas.

Es la única ayuda que se puede percibir ininterrumpidamente hasta la jubilación, además con una ‘subvención’ del SEPE a sus futuras jubilaciones, mediante una cotización sobre el 125% de la base mínima. Es el único tipo de subsidio en el que el Estado aporta para la jubilación y esta excepción es una fórmula aprovechada en muchas prejubilaciones.

De hecho, los informes mensuales del propio organismo dependiente del Ministerio de Trabajo reconocen que los parados de más 55 años son el grupo más numeroso de beneficiarios, el 40% del total, y la «gran mayoría» perciben estas ayudas hasta el momento de su retiro definitivo. Esto confirma que la edad es un factor determinante a la hora de frustrar el retorno al mercado laboral.

Ahora bien, ¿esto supone que esta protección es un desincentivo a la búsqueda de empleo? Esta idea ha sobrevolado todas las reformas de la protección por desempleo de la última década, pero en especial la más reciente, que ponía el foco precisamente en los subsidios. Aprobada a finales de 2023, el Gobierno tuvo que volver a presentarla tras el rechazo del Congreso a causa, precisamente, de los cambios en el subsidio para mayores de 52 años. El Ejecutivo introdujo un recorte del 125% al 100% de la cotización del SEPE, pero Podemos ‘vetó’ el cambio y con sus votos forzó la derogación de aquel decreto ley.

La nueva versión, que sí ha recibido el aval de las Cortes y ahora inicia una tramitación como proyecto de ley (lo que abre el texto a encajar nuevos cambios vía enmiendas de la oposición)elimina esta cuestión e introduce un plan para estimular la empleabilidad de los colectivos más propensos a caer en el paro de larga duración (léase los mayores de 45 años), incluyendo la compatibilidad entre prestaciones y salarios.

Menos oportunidades laborales

Pero los datos cuestionan que esto pueda servir de algo. El pasado mes de mayo se registraron 1,68 millones de colocaciones, pero solo 480.261 nuevos trabajadores, un 28,6% del total, eran mayores de 45 años. El porcentaje se eleva al 34,7% si nos limitamos a las 835.031 colocaciones de personas que el SEPE contabiliza como demandantes de empleo. En concreto, 290.061 correspondieron a ‘seniors’.

Ello a pesar de que la intermediación de los servicios públicos, es decir, las colocaciones que nacen de ofertas directamente gestionadas por ellos, sí funcionan bien para los mayores de 45 años. El 57% de las que lograron el pasado mes les corresponden a ellos, un peso mucho más cercano al que ocupan en el paro registrado.

El problema es que su número es anecdótico: esta intermediación directa apenas sumó 36.114 colocaciones: el 4,3% del total de las demandantes de empleo y un 2,1% del total que cada mes se producen en España. Las de mayores de 45 años fueron 20.583, lo que supone que estas tasas de ‘éxito’ se elevan al 4,3% y el 7,1%, respectivamente.

Estos datos muestran la envergadura del problema: la falta de expectativas laborales retroalimenta el desánimo de los desempleados y las situaciones de paro de larga duración. Hay serias dudas de que la postergada reforma del Sistema Nacional de Empleo (aprobada hace más de un año pero que no parece que esté dando fruto alguno)pueda mejorar esta situación.

Ni siquiera, aunque la nueva reforma de los subsidios facilite compatibilizar prestación o subsidio o salario, ya que el diseño de esta medida está pensado para estimular la búsqueda de empleo, no resuelve las dificultades para encontrarlo.

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