Cisma familiar en Molins por la continuidad de su presidente
La cementera Molins, una de las grandes compañías industriales de Catalunya, vive horas convulsas. El cambio de equilibrios de poder entre las tres ramas de la familia propietaria, los Molins, y las dudas sobre la presidencia de la empresa, han propiciado un cisma de primer nivel en la compañía.
Según ha podido saber EL PERIÓDICO, la inminente renovación del consejo de la compañía ha propiciado una batalla interna que no se había vivido desde hace décadas. Según las fuentes consultadas, la designación de tres nuevos consejeros dominicales a partir del 30 de junio no se resolvió por la vía del consenso, como había sido norma hasta ahora, sino con un acuerdo de dos ramas de la familia frente a la tercera. Esta renovación es clave porque de ella depende el equilibrio de fuerzas en el consejo y la continuidad de Joan Molins Amat como presidente de la compañía, dos asuntos que enfrentan a las distintas ramas familiares.
Molins, fundada en 1928, tiene la mayor parte de su capital repartida entre los Molins López-Rodó (33,6% de las acciones), los Molins Amat (31,5%) y los Molins Gil (25,2%). En el consejo de la compañía del pasado mes de mayo en que se discutió la renovación, los Molins López-Rodó y los Molins Gil dejaron en minoría a los Molins Amat. Como consecuencia del acuerdo, la rama familiar con más participación en la empresa mantendrá sus tres consejeros; los Molins Amat perderán uno, pasando de tres a dos; y los Molins Gil ganarán uno, pasando de uno a dos.
“Es falso que se haya hecho de forma consensuada”, afirma un representante de los Molins Amat en referencia a la renovación del consejo. En esta rama de la familia, de 11 hermanos sólo cinco forman parte del convenio de sindicación accionarial entre las tres ramas que tomó la decisión y que agrupa un 73% de las acciones. “Lo que ha ocurrido nos produce mucho dolor y lo llevamos muy dentro”, afirma esta fuente. Esta oposición se expresó tanto durante el consejo como por escrito.
Pero el conflicto va más allá del número de representantes en el consejo. Uno de los tres nuevos consejeros propuestos es Julio Rodríguez, que hasta el pasado año fue consejero delegado de la cementera. Fuentes cercanas a la empresa han confirmado a este diario que el nombramiento ha generado rechazo en parte de los accionistas porque existe la certeza de que sustituirá “a corto plazo” al actual presidente, Joan Molins Amat, perteneciente a la segunda de las tres ramas de la familia. De hecho, algunas voces aseguran a este periódico que el relevo podría producirse incluso durante este mismo mes de junio.
Imagen de archivo de una fábrica de Molins. / Molins
Joan Molins es presidente de la cementera desde 2017, aunque trabaja en la compañía familiar desde 1971. A sus 83 años, ha sido consejero delegado y vicepresidente de la empresa y se le considera el principal responsable de que la empresa se haya convertido en un gigante del sector, con una facturación que en 2024 ascendió a 1.365 millones de euros, con beneficios de 184 millones. Molins, con sede en Sant Vicenç dels Horts, tiene 6.300 trabajadores en 11 países.
Pendientes de la junta del 27 de junio
“Joan Molins es un activo y si bien es cierto que por su edad tendría que haber un debate sereno sobre el relevo en la presidencia, prescindir de él es un lujo que Molins no se puede permitir, y menos con las formas con que lo están haciendo”, afirman fuentes consultadas por este diario.
El aún presidente siempre ha sido partidario de evitar el ruido y de evitar confrontaciones públicas. Las fuentes consultadas afirman que su relevo es inminente y podría producirse incluso el mismo día 27 de junio, en una reunión posterior a la junta de accionistas.
El conflicto familiar por su continuidad viene de lejos. Según afirman las fuentes consultadas, Joaquín Jackie Molins Gil, hombre fuerte de la compañía con su 25,2% de acciones, ha manifestado en reiteradas ocasiones que ha perdido la confianza en Joan Molins y su deseo de relevarle del cargo. La situación llegó al punto de que se alcanzó un acuerdo interno para sustituir a Joan Molins en el cargo a lo largo del año 2026, siendo su relevo un nuevo consejero independiente que debía sustituir a Joaquín María Molins López Rodó, que había manifestado su intención de renunciar a su cargo de consejero en los días siguientes a la Junta General de Accionistas del próximo 27 de junio.
En paralelo, se encargó a la comisión de Nombramientos y Retribuciones la búsqueda de un nuevo consejero que pudiera, con el tiempo, ejercer de nuevo presidente. Pero según ha podido saber este diario, la persona elegida no era del agrado de las familias Molins López Rodó y Molins Gil, hecho que ha precipitado los acontecimientos y ha reforzado la candidatura de Julio Rodríguez a ser presidente de forma inmediata. Las fuentes consultadas recuerdan que existía el pacto de las tres ramas de la familia según el cual el nuevo consejero que había de acabar siendo presidente tenía que ser consensuado entre todas ellas, algo que han incumplido los Molins López Rodó y los Molins Gil.
La decisión de dos ramas de la familia de forzar el cambio de presidente (algo que no ha ocurrido de forma drástica nunca en la historia de la empresa) ha generado “indignación” entre los Molins Amat, hasta el punto de que algunas fuentes creen que podría verse afectado el histórico pacto de la sindicación de acciones donde estaban los Molins López Rodó, los Molins Gil y parte de los Molins Amat. “Una cosa es que un presidente lo deje, y otra muy distinta es que le echen”, dicen voces de los Molins Amat.
Un primer síntoma de esta ruptura se ha evidenciado este mismo miércoles en la Asamblea de Accionistas Sindicados. En una reunión inusualmente larga, los Molins Amat expresaron su oposición al nombramiento de Julio Rodríguez como consejero. La fractura entre las partes llegó a tal punto que este punto no se llegó a votar en la asamblea y la rama discrepante obtuvo libertad de voto de cara a la junta del próximo día 27.
Choque estratégico
La continuidad de Joan Molins en la presidencia del grupo forma parte del choque estratégico entre las distintas ramas de la familia. La parte de la familia que ahora queda en minoría es partidaria de realizar alguna operación industrial o corporativa que abra el capital de la compañía, cediendo entre el 30 y el 35% de acciones a nuevos accionistas. Todo ello permitiría pasar al mercado continuo y daría mayor liquidez a unas acciones que hoy en día cotizan en el Mercado de Corros de Barcelona, donde, afirman, no se produce una cotización normal del valor de la acción. En lo que por ahora estaban de acuerdo todas las ramas familiares es en mantener la mayoría del capital en manos de la familia Molins, con entre un 65 y un 70% de las acciones.
La junta de accionistas del próximo día 27 de junio puede marcar, pues, un antes y un después en la historia de una compañía que ya vivió recientemente un enfrentamiento entre algunos de sus miembros. El conflicto se produjo a raíz de la decisión de la empresa de llevarse la sede social fuera de Catalunya, cosa que soliviantó a parte de la familia Molins Amat. Estos accionistas forzaron que la decisión se votara en junta general de accionistas (que ratificó el movimiento) y aseguraron que el nuevo domicilio social de la empresa, ubicado en Madrid, era una “ficción”. Posteriormente llevaron el cambio de sede a la justicia, que desestimó la causa. El conflicto se cerró a finales de 2024, cuando Molins devolvió la sede social de una compañía casi centenaria a Sant Vicenç dels Horts.
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